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Casino Royale (íd. Martin Campbell, 2006)
Por Víctor de la Torre

Como todos los años por estas fechas James Bond vuelve a nuestras pantallas dispuesto a demostrar por qué sigue siendo el más grande. Trascurridos cuatro años desde el estreno de Muere otro día (Die another day. Lee Tamahori, 2002) los responsables de la franquicia más longeva de la historia del cine han optado por una relativa vuelta a los orígenes, personificada en el esquivo rostro del actor británico Daniel Craig.


La última entrega de las andanzas de nuestro espía favorito supone, en primer lugar, una saludable renovación de los parámetros fílmicos que han caracterizado las anteriores películas de la serie, especialmente las protagonizadas por el actor irlandés Pierce Brosnan, todas ellas perfectamente homologables con lo que podríamos denominar el patrón Bond. Esta marca de fábrica, sólidamente establecida desde el estreno de James Bond contra Goldfinger (Goldfinger. Guy Hamilton, 1964) y perpetuada con mínimas salvedades hasta Muere otro día, aporta la clave fundamental para entender plenamente la naturaleza de los filmes de 007; esto es, su condición de películas de productor, férreamente delimitadas por un esquema rígido que es lo que en última instancia ha posibilitado, a pesar de las décadas trascurridas y los sucesivos intérpretes del personaje, la plena identificación del público con los aspectos más arquetípicos del agente secreto.

Por tanto, si tenemos que hablar de autores en el sentido más cahierista del término, estos no son sino Albert R. Broccoli hasta su fallecimiento, tras el estreno de Licencia para matar (Licence to kill. John Glen, 1989) y, recogiendo su testigo en la actualidad, su hija Barbara Broccoli y Michael G. Wilson.

En cualquier caso, y más allá de quiénes son los responsables últimos de la saga, lo realmente interesante es lo que finalmente se muestra en la pantalla. Apelando así a aspectos  estrictamente cinematográficos parece existir el lugar común de que son las películas protagonizadas por el actor escocés Sean Connery las consideradas canónicas, tanto por su interpretación del personaje como por su calidad intrínseca. Esto es, desde mi punto de vista, una verdad a medias, pues aceptando que la mencionada James Bond contra Goldfinger sigue siendo la más representativa de la serie y que Connery fue el primero en interpretar al personaje,  dotándole de una presencia fílmica difícilmente repetible, no conviene olvidar que no todas las entregas de su etapa atesoran la misma calidad, ni mucho menos —el caso de Diamantes para la eternidad  (Diamonds are forever. Guy Hamilton, 1971) me parece sumamente relevante al respecto—. Sin duda resulta mucho más constructivo considerar cada etapa de la serie Bond desde una perspectiva sociológica, apelando a la permeabilidad de estos títulos a las convenciones culturales de una época determinada. De esta manera, del 007 cínico y elegante que personificó Sean Connery en los sesenta  pasamos al romanticismo pop de George Lazenby a finales de esta década, el tono mainstream y autoparódico aportado por Roger Moore durante los setenta y principios de los ochenta, la seriedad y dureza impresa por Timothy Dalton a finales de los ochenta y la prestancia y sentido del humor otorgado por Pierce Brosnan a lo largo de los noventa.

 

Afortunadamente hay cosas que no cambian en el nuevo Bond

 Corren malos tiempos en el mundo desde los atentados del once de septiembre, y el terrorismo globalizado muestra todas sus caras (inclusive la cibertecnológica) con más virulencia de la deseada. Los enemigos están por todas partes, y es en este malsano caldo de cultivo donde surge el visceral agente secreto que interpreta con impresionante solvencia Daniel Craig. Casino Royale se ha publicitado como un regreso a los orígenes del personaje, y esta afirmación sólo se sostiene por el hecho de que por primera vez en años el guión adapta la novela homónima de Ian Fleming, que describe la primera misión como 00 del espía británico. Las similitudes terminan aquí, pues lo que muestra el film desde el primer hasta el último plano es un espectáculo de primer orden, adrenalítico y violento en sus impresionantes secuencias de acción, elegante y revelador en las largas secuencias dialogadas y, por encima de todo, libre de ataduras mitómanas y esquemas preestablecidos.

(SPOILER: En el siguiente párrafo se desvelan algunos detalles del argumento)
La película arranca con un brillante prólogo en blanco y negro donde se detalla cómo Bond consigue su licencia para matar (de manera muy reveladora en relación al lado oscuro del personaje) y, tras los títulos de crédito presididos por el excelente tema “You know my name” de Chris Cornell, la acción nos traslada de Madagascar a Miami pasando por las Bahamas, en un recorrido non stop que, más allá de sorprender al espectador con un sentido del ritmo pocas veces visto en el cine reciente de gran aparato, consigue introducir magistralmente los diversos cabos que propone la alambicada trama. El nudo tiene lugar en Montenegro, donde la acción se serena y conocemos a Vesper Lynd (Eva Green), agente del tesoro del gobierno británico, y Le Chiffre (Mads Mikkelsen) antagonista de primer orden y propietario de un casino que utiliza de tapadera para sus ilícitas operaciones. Tras una antológica partida de cartas donde conoceremos los intereses, sin duda sorprendentes, de los protagonistas, y varios sucesos a cuál más impactante que no pienso desvelar para todos aquellos que aún no hayan visto el film, el desenlace tiene lugar en Venecia, bellísima ciudad que sirve de telón de fondo a la espectacular secuencia de cierre, antes de que un enigmático epílogo parezca indicar que esta vez la historia no termina con los títulos de crédito.

Cabe apuntar que la excelente interpretación de Daniel Craig consigue plenamente dotar de fisicidad al personaje, adaptando al arquetipo a los tiempos que corren; en este sentido resulta tan creíble ver su inexpresividad al matar un rival con sus propias manos como el matiz de arrepentimiento que aparece después, en ese mismo rostro, al contemplar su cuerpo magullado y cubierto de sangre en el espejo de su habitación. Así, el James Bond de Casino Royale resulta ser un profesional en su trabajo, sádico y salvaje cuando la ocasión lo requiere, pero también introspectivo y vulnerable, hasta el punto de que le vemos sangrar, ser torturado e, incluso, estar a las puertas de la muerte. El resto de reparto no le va a la zaga, con una Eva Green fascinante en su papel de mujer inteligente y de pasado incierto, un Mads Mikkelsen profundamente inquietante y perturbador como corresponde a su rol de villano y una Judi Dench disfrutando como nunca su papel de M, sorprendida en esta ocasión en la intimidad de su domicilio por un subalterno con peligrosa tendencia a ir por libre.

En cualquier caso, una verdadera película de acción debe funcionar como una orquesta sinfónica, de manera que todos los elementos se coordinen para conseguir una melodía perfecta. En Casino Royale todos los responsables se afanan en sus respectivos cometidos, desde el sólido guión firmado por Paul Haggis —aclamado director de Crash (Id. 2005)— que muestra un mayor énfasis en el retrato psicológico de personajes y la construcción de las relaciones entre ellos, pasando por la vibrante B.S.O. compuesta de nuevo por David Arnold y que cumple a la perfección su papel de background sonoro de las andanzas de 007 por tres continentes, sin olvidar, claro está, la sólida labor de dirección de Martin Campbell, director del primer Bond de la etapa Brosnan (Goldeneye, 1995) y que en esta ocasión supera su condición de artesano poniendo en imágenes un film excelente en todos los aspectos, ayudado en labores de dirección de segunda unidad por Alexander Witt y de montaje por Stuard Baird —montador de, entre otras, Misión imposible 2 (Mission: Impossible 2. John Woo, 2000)—.

Pese a quien pese, soplan aires de renovación en la franquicia más veterana del mal llamado cine de entretenimiento. Lo de menos es que el nuevo James Bond sea rubio; lo importante es que el mito ha renacido, y vuelve para quedarse.

 

 


TÍTULO ORIGINAL: Casino Royale
AÑO DE PRODUCCIÓN: 2006                
NACIONALIDAD: USA
DURACIÓN: 144 min
DIRECCIÓN: Martin Campbell
GUIÓN: Neal Purvis, Robert Wade, Paul Haggis según la novela de Ian Fleming
PRODUCCIÓN: Michael G. Wilson y Barbara Broccoli
MONTAJE: Stuard Baird
FOTOGRAFÍA: Phil Meheux [c]
MÚSICA: David Arnold
DISEÑO DE PRODUCCIÓN: Peter Lamont
EFECTOS ESPECIALES: Chris Corbould
REPARTO: James Bond (Daniel Craig); Vesper Lynd (Eva Green); Le Chiffre (Mads Mikkelsen); M (Judi Dench); Felix Leiter (Jeffrey Wright); Mathis (Giancarlo Giannini); Alex Dimitrios (Simon Abkarian); Solange (Caterina Murino).
FECHA DE ESTRENO EN ESPAÑA: 2006

 

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