Aunque la histeria que ha generado entre los internautas y la brutal campaña publicitaria recomiendan prevención a la hora de juzgarla, no cabe duda de que El Caballero Oscuro (The Dark Knight. 2008) resulta una propuesta extremadamente ambiciosa. Con razones, hay quien la considera ya una de las mejores películas jamás producidas a partir de un cómic. Lo mismo cabría decir de su condición de secuela: el planteamiento del quinto largometraje de Christopher Nolan no sigue, como es habitual, una evolución continuista a partir de Batman Begins sino, por al contrario, una senda deconstructiva, haciendo del caos el leitmotiv básico de la narración.

Batman Begins
I.
En el verano de 2005, coincidían en la cartelera española Batman Begins (íd. Christopher Nolan, 2005) y Los 4 Fantásticos (Fantastic Four. Tim Story, 2005). Nos costó retiradas de saludo y más de una amenaza de muerte manifestar que, pese a estimar el film de Nolan mucho más interesante que el de Story, nos parecía que este último guardaba una relación equilibrada entre sus modestas intenciones y sus luminosos resultados; mientras que, en Batman Begins, cada plano era una agónica demostración de afán de trascendencia y renovación que, en demasiadas ocasiones, se daba de bruces con las limitaciones de su realizador y con unas ínfulas dramáticas mucho menos elaboradas de lo que aparentaban sus diálogos sentenciosos.
Han pasado tres años. De nuevo en complicidad con su hermano Jonathan, Christopher Nolan ha confiado en que, esencialmente, su visión del personaje era acertada —algo en lo que coincidimos— y ha seguido en la misma dirección a paso de carga, con un pulso formal mucho más sólido y con una multiplicación exponencial de sus ambiciones argumentales. Incluso a riesgo de demoler muchos de los basamentos que él mismo había hecho pasar por firmes en Batman Begins. No retrasemos más una primera impresión sobre esta secuela: El Caballero Oscuro es un espectáculo grandioso, estremecedor, del todo inusual como blockbuster, y con un potencial de imprevisibles consecuencias para romper la barrera entre lo que se entiende popularmente por “buen cine” (el sancionado por estatuillas doradas, buenas críticas de medios generalistas y la opinión del cinéfilo accidental) y ese otro cine de niños y frikis que tanta lata ha dado en los últimos años y que no termina de ser otra cosa que un ghetto; nos referimos, claro está, a las sagas varias de anillos, magos púberes, piratas caribeños, ogros verdes, hombres araña y pesadísimos jedis.

Convertirse en superhéroe implica tener que reencontrar una ubicación en el mundo
De hecho, debería empezar a apreciarse que el llamado “cine de superhéroes” ya no es simplemente un nicho en el que encerrar determinadas películas a merced de su público potencial; planteamiento al que, bien es verdad, se siguen ciñendo gustosamente Spider-Man 3 (íd. Sam Raimi, 2007), El Increíble Hulk (The Incredible Hulk. Louis Leterrier, 2008) y otras propuestas acomodaticias. Sino el enésimo reboot, en lógica correspondencia con el auge de los superpoderes digitales, de un cine de acción y aventuras cuya inmediata manifestación previa, física hasta la náusea, liderada por Bruce Willis, Arnold Schwarzenegger y Sylvester Stallone, da sus últimos estertores en este preciso instante.
Películas como Iron Man (íd. John Favreau, 2008) y Hancock (íd. Peter Berg, 2008), a las que habría que sumar otras menores pero asimismo relevantes para la aceptación del arquetipo superheroico en la normalidad cinematográfica, como Mi super ex-novia (My super ex-girlfriend. Ivan Reitman, 2006) o Sky High: Una escuela de altos vuelos (Sky High. Mike Mitchell, 2005), están saltando barreras entre géneros y acostumbrando al espectador de a pie a aceptar la intrusión de unas figuras bigger than life cuyos destrozos y enfrentamientos egomaniacos son expresión de su búsqueda de un lugar en la pantalla.

La enfermiza apariencia del Joker refleja perfectamente el efecto de su aparición en Gotham City
II.
El Caballero Oscuro aspira a hacer del hombre murciélago un agente verosímil en un contexto genérico de cine negro épico. Aquel en el que la lucha entre las fuerzas del bien y del mal inicia un pulso rabioso, una espiral de violencia que desmorona la lógica que se les supondría a las actividades de defensores e infractores de la ley, y que pone sobre el tapete el alma del cuerpo social. Pensamos en los films sobre Mabuse y en Los Sobornados (The Big Heat. 1953), de Fritz Lang. En Phenix City Story (Phil Karlson, 1955). En Manhattan Sur (Year of the Dragon. Michael Cimino, 1985) y Los Intocables de Elliot Ness (The Untouchables. Brian De Palma, 1987). Unos diálogos en principio brillantes, enmarcados en la compleja red de relaciones éticas y emocionales tejida entre Bruce Wayne/Batman (Christian Bale), el nuevo fiscal estrella, Harvey Dent (Aaron Eckhart), su ayudante y viejo amor de Bruce, Rachel Dawes (Maggie Gyllenhaal), el teniente Jim Gordon (Gary Oldman) y hasta los secundarios Lucius Fox (Morgan Freeman) y el mayordomo Alfred Pennyworth (Michael Caine), dan cuenta de la extraordinaria gravedad de lo que se está dilucidando en Gotham.
Y no nos olvidamos de las alargadas sombras formales de Heat (íd. Michael Mann, 1995), Mission: Impossible III (íd. J.J. Abrams, 2006) y el policial made in Hong Kong. Desde el primer plano, un travelling aéreo que recorre la ciudad hasta culminar en la ventana de un rascacielos que estalla hacia fuera, la película brinda un empaque visual espectacular, apoyado en un aparato de producción impecable. La cámara de Nolan no se atropella, se deleita en los exteriores urbanos haciendo que la arquitectura, como ha señalado Tonio L. Alarcón, “esté siempre presente, enmarcando a los protagonistas, empequeñeciéndolos respecto a la colectividad que les rodea (y relacionándolos, precisamente, con ésta)”. Realzados por los contrastes fotográficos de Wally Pfister, el montaje de Lee Smith y la banda sonora de Hans Zimmer y James Newton Howard, las persecuciones y el continuo trasiego de los personajes a lo largo y ancho de numerosos escenarios siembran una inquietud en el espectador que no le abandona durante gran parte de las dos horas y media de metraje.
Ahora bien, la pugna entre luz y oscuridad que caracteriza a El Caballero Oscuro no tiene oportunidad alguna de resolución feliz o al menos conciliadora, como en tantos de los modelos citados. Porque el punto de partida y llegada del film es la intromisión en el microuniverso Gotham City de un cáncer incurable llamado el Joker (Heath Ledger), un “agente del caos” cuya única ambición declarada pasa por “que la ciudad arda” y contra el que, en consecuencia, toda terapia es inútil cuando no contraproducente. Resulta fascinante comprobar cómo El Caballero Oscuro se contagia de esa infección mortal, propiciándose en su narrativa una sensación de caos e impotencia similar a la que sacude a Wayne, Gordon, Dawes y Dent cada vez que creen han conseguido una pírrica victoria sólo para que el Joker la desarbole o invierta sus intenciones, golpeando incansablemente y cada vez a mayor escala.

Inusual armonía para un blockbuster entre los brillantes aspectos de producción y los conceptuales
Especialmente destacable es la aniquilación identitaria de Batman. En Begins la formación del superhéroe pasaba por un periodo de asimilación y posterior contraste respecto de las enseñanzas de un Ras’s Al Ghul (Liam Neeson) que hablaba de “balance” y “armonía” para justificar su zarpazo contra Gotham City. Bruce Wayne conformaba sus talentos de acuerdo con unos ideales de voluntad y autocontrol que se desvelan completamente inútiles contra el Joker, hasta el extremo de que el hombre murciélago acaba expulsado de una ficción que ya no le pertenece, que ha sucumbido a la metástasis. ¿Será la tercera entrega una lógica síntesis a las previas tesis y antítesis representadas respectivamente por Batman Begins y El Caballero Oscuro?
Si el lector ha soportado la lectura hasta aquí, estará pensando que tanta palabrería da a entender que nos hallamos ante una obra cumbre del cine, una obra maestra inmortal. Pero, aunque ese parece ser el chocante deseo de tanto geek ansioso por que sus gustos alternativos sean reconocidos al fin por los estamentos de la alta cultura (la histeria colectiva que se ha generado en internet al respecto sería digna de análisis sociológico), no nos parece honesto obviar que, en nuestra opinión, la ambición juega a los hermanos Nolan una mala pasada. A partir de cierto momento que llamaremos la elección HD/RD, El Caballero Oscuro delata sus costuras: exceso de parlamentos rimbombantes a los que se apunta prácticamente hasta el apuntador y que perjudican la coherencia del discurso. Exceso de autoconciencia por parte de los personajes, que empiezan a expresar en voz alta lo que son, lo que pretenden y lo que el público debe deducir. Y exceso de cliffhangers, muertes y resurrecciones, clímax y demás aspectos folletinescos que, a quien esto escribe, le pesaron y distanciaron de lo que pasaba.
En cualquier caso, no son defectos que alteren nuestra opinión en lo fundamental: El Caballero Oscuro es un must see, y una película que creemos va a cambiar muchas cosas en la percepción general de este tipo de cine. Veremos qué pasa en marzo con Watchmen.

La identidad de Batman arde hasta los cimientos en El Caballero Oscuro
EL CABALLERO OSCURO
Título original: The Dark Knight
Año de Producción: 2008
NACIONALIDAD: Estados Unidos
DURACIÓN: 152 minutos
DIRECCIÓN: Christopher Nolan
GUIÓN: Christopher Nolan y Jonathan Nolan, basado en un argumento de Jonathan Nolan y David S. Goyer a partir de los personajes creados por Bob Kane
PRODUCCIÓN: Christopher Nolan, Charles Roven, Emma Thomas, Michael E. Uslan, Thomas Tull, Kevin De La Noy, Benjamin Melniker, Karl McMillan y Jordan Goldberg (Warner Bros. Pictures, DC Comics, Legendary Pictures y Syncopy)
MONTAJE: Lee Smith
DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Wally Pfister (c)
MÚSICA ORIGINAL: James Newton Howard y Hans Zimmer
DISEÑO DE PRODUCCIÓN: Nathan Crowley
DISEÑO DE VESTUARIO: Lindy Hemming
REPARTO: Christian Bale (Bruce Wayne/Batman), Heath Ledger (Joker), Morgan Freeman (Lucius Fox), Michael Caine (Alfred Pennyworth), Gary Oldman (Teniente Gordon), Aaron Eckhart (Harvey Dent/Dos Caras), Maggie Gyllenhaal (Rachel Dawes), Cillian Murphy (Dr. Crane/Espantapájaros), Eric Roberts (Salvatore Maroni), Ron Dean (Detective Wuertz), Monique Curnen (Detective Ramirez)
FECHA DE ESTRENO EN ESPAÑA: 13 de agosto de 2008
DISTRIBUCIÓN EN ESPAÑA: Warner Bros. Pictures International España
