Descargar en PDF Versión imprimible
V Muestra de cine fantástico
Por Rosendo Chas, Óscar Pablos, Álvaro Peña, Diego Salgado y Miguel Ángel Talha

La gente de CosasDeCine.COM estuvo un año más en la Muestra y este año por cortesía del canal SciFi. El nivel de las películas fue muy desigual y, un año más, repescado de Sitges y de Donosti, pero aún así hubo posibilidad de descubrir algún que otro título.


ACHI-WA SSIPAK

Achi-wa Ssipak. Corea del Sur. 2006. 90 minutos. Dirección: Jo Beom-jin. Guionistas: Jo Beom-jin, Yeon-won Jeong. Con: Chang Jung Lim (Ssipak), Seung-wan Ryoo (Aachi).

La sinopsis de esta película, ganadora de la sección Anima’t en el pasado Sitges2007, podría reducirse a: “en un mundo en el que la mierda vale más que el oro, la banda del pañal quiere tu culo y hará lo que sea para conseguirlo”.

Sin embargo, aunque estoy seguro de que muchos se quedarían en que se trata de una película que explora las mil y una formas de decir mierda en surcoreano, yo he preferido fijarme en sus virtudes técnicas. Porque el caso es que Achi-wa ssipak (juego de palabras que significa algo así como “me cago en todo”y, de paso, da también nombre a los protagonistas) es una sorprendente cinta de acción cuya planificación es comparable por momentos a una de las vacas sagradas del anime, Akira (íd. Katsuhiro Ôtomo, 1988).

Nuestro entendido en Japón y aledaños, Álvaro Peña, me decía, en uno de los descansos entre proyección y proyección de la Muestra, que el cine de animación coreano es como una sanguijuela adherida a la piel del anime japonés, que tomaba prestados sus códigos e incluso elementos de su imaginario pero sin su trasfondo filosófico, quedando fuera de contexto alejado del modelo original. Pero es que, la verdad, en esta película... ¿¡qué elemento no ha sido tomado de una película anterior!?

La bulliciosa ciudad al más puro estilo cyberpunk de Juez Dredd o El quinto elemento, el cyborg a medio camino entre Terminator y Robocop (hay incluso en el momento en el que este personaje dice algo como “vivo o muerto, tu vendrás conmigo”), las batallas en la carretera al más puro estilo Mad Max o Akira, el momento stand-off que toma prestado de Amor a quemarropa, y el que toma prestado, para la secuencia final, de la mítica carrera de vagonetas de Indiana Jones y el templo maldito. Todas estas referencias, más bien recortes, forman un colash pop que llegaría a agobiar de no ser porque está trasladado e integrado a la perfección.

Personalmente, solo por disfrutar la persecución con que comienza la película, al más puro estilo de la batalla en la carretera que enfrenta a la banda de Kaneda y a los Clowns al comienzo de Akira, solo por esos momentos de pura adrelanina, ya merece la pena verla.

Rosendo Chas

 

Achi-wa Ssipak

 

À L’INTÉRIEUR (INSIDE)

À l’ intérieur. Francia. 2007. 85 minutos. Dirección: Alexandre Bustillo y Julien Maury. Con: Alysson Paradis, Béatrice Dalle, Natalie Roussel.

Es puro efectismo elevado al cuadrado. Ya la reseñó convenientemente mi compañero Diego Salgado, y no puedo estar más de acuerdo con él. Todo este desparrame hemoglobínico y sanguinolento mostrado con todo tipo de detalles —hacía mucho tiempo que no veía una sangre tan realista— tiene una clara explicación: los directores de esta salvajada extreme fueron críticos de una revista francesa titulada Mad Movies dedicada al cine fantástico y de terror, con lo cual, el disfrute que se adivina detrás de sus perturbadoras imágenes es perfectamente entendible. En cambio, el espectador que pida unos mínimos de coherencia y cordura en este demencial duelo entre mujeres —por cierto, bien interpretadas por Béatrice Dalle y Alysson Paradis— quedará algo insatisfecho. Y atención al próximo proyecto de Bustillo y Maury: rehacer con dinero norteamericano Hellraiser, una de las obras más populares de Clive Barker que él mismo trasladó al cine en 1987.

Óscar Pablos

 

El personaje de Béatrice Dalle haciendo un uso indebido de las tijeras

EL DIARIO DE LOS MUERTOS

Diary of the Dead. Estados Unidos. 2007. 95 minutos. Dirección: George A. Romero. Con: George Buza, Joe Dinicol, Joshua Cole.

Que George A. Romero ha vivido tiempos mejores, es evidente para cualquiera que conozca mínimamente su filmografía, entre la que destaca La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968), obra seminal que contribuyo a definir las constantes del subgénero de zombies tal como hoy en día lo conocemos. No seré yo el que discuta que este director se ha ganado el derecho a jugar con sus voraces criaturas como le venga en gana, pero cualquier espectador con un mínimo de objetividad habrá de convenir que El diario de los muertos es un filme muy menor que naufraga estrepitosamente en su pretendido análisis crítico de la sociedad actual, dada la nula entidad dramática de los protagonistas y el deficiente desarrollo del discurso que lo sustenta.

Ahora bien, si dejamos de lado estos aspectos y nos sobreponemos al cansino recurso de la cámara en mano nos encontraremos con un producto ciertamente divertido, plagado de guiños hacia su espectador potencial y con unos efectos especiales de lo más logrados. Atendiendo a la entusiasta reacción del público –que abarrotaba la sala donde tuvo lugar la proyección— ante cada aparición de los hambrientos antagonistas, no hay duda de que a las criaturas de Romero les queda cuerda para rato; algo que no me atrevo a decir de su emblemático creador.

Víctor de la Torre

 

Los aguerridos protagonistas de El diario de los muertos

EL GRAN HOMBRE DEL JAPÓN

Dainipponjin. Japón. 2007. 113 minutos. Director: Hitoshi Matsumoto. Con: Hitoshi Matsumoto, Riki Takeuchi.

En oposición a la bondadosa opinión de mi compañero Álvaro, me pareció una excentricidad latosa y muy aburrida. Alternar de forma tan aleatoria fragmentos de la vida anodina de un japonés rodados a la manera de un falso documental con otros en los que su protagonista se convierte en un héroe nacional de dimensiones gigantescas en combate con otros monstruos para salvaguardar el país —aquí entraría el término tokusatsu para describir este subgénero japonés—, me parece una extravagancia harto complaciente que puede tener cierta gracia inicial pero poco más. Un apunte curioso pero no muy desarrollado sería la baja popularidad del superhéroe entre la población nipona, descontenta con su labor realizada; y otro el descacharrante aspecto que lucen los bichos enemigos, todos ellos con caracterizaciones memorables (la parte tokusatsu de Dainipponjin es, sin duda, la mejor de ésta). Aun así, me hace más gracia Flux, un video-clip del grupo británico Bloc Party que emula este tipo de duelos psicotrónicos. Y también porque es muchísimo más breve.

Óscar Pablos

 

El protagonista de Dainipponjin en su más tierna infancia

LIKE A DRAGON

Ryuu ga gotoku: gekijou-ban. Japón. 2007. 110 minutos. Director: Takashi Miike. Con: Kazuki Kitamura, Goro Kishitani, Sho Aikawa, Saeko, Shun Shioya.

Like a dragon es uno de los tres impactos que la entregada audiencia de Takashi Miike espera recibir de su producción de 2007, junto a Sukiyaki Western Django y Crows: Episode 0, y por tanto una de las películas más esperadas de entre la irregular selección del festival este año. No utilizo el término impacto gratuitamente, sino que considero que es el más preciso para acotar el difuso marco de expectativas que habitualmente se generan en torno a una nueva obra de Miike, cuya extensa carrera ha libado desde el drama hasta el musical, explorando regularmente los seguros terrenos del policíaco y el cine de terror más desacomplejado. Esta disparidad de planteamientos temáticos y aproximaciones cinematográficas, sin embargo, no ha configurado una trayectoria errática —a diferencia de otros coetáneos suyos mucho menos prolíficos como Kitano o Koreeda, cuyos recientes virajes han descolocado a la crítica ávida de prefiguraciones autorales—; sino que más bien demuestra su sólida cimentación en unos principios comunes a toda su filmografía.

Lo impactante, pues, es tan solo una acotación insuficiente para describir un mapa conceptual que escapa al lenguaje, pero necesaria para aglutinar las impresiones generadas, por ejemplo, ante las automutilaciones del personaje de Tadanobu Asano en Ichi the killer (Koroshiya 1, 2001) o las aberraciones sexuales en Visitor Q (Bijitaa Q, 2001). Lo interesante de tales desviaciones no es su mera agresividad, sino la forma en que ésta se orienta para ejercer una eficaz sugestión dirigida a campos tan poco afortunados para la mayoría de los cineastas como la psicología o la antropología —la lista de grandes directores con sonados patinazos en este tipo de incursiones es interminable: Hitchcock (Marnie, la ladrona), Lynch (Inland Empire) o Haneke (La pianista) son solo algunos ejemplos—. Esta conjunción entre una minuciosa racionalización de las estructuras psicosociales del ser humano y su impactante solución conceptual correspondiente es lo que podría calificarse de estilo Miike, y que la mayoría aficionados esperamos encontrar en cada nuevo trabajo del director japonés.

En los últimos trabajos del cineasta, sin embargo, se aprecia un notable desinterés por dicha labor habitual de síntesis, normalmente enfocada a la construcción de los personajes principales y las formas que adoptan las relaciones entre ellos; el resultado es que la voluntad de transgresión deviene inoperante, degradando el cine de Miike a la categoría de “pintoresco” desde el momento en que éste pierde una de sus señas de identidad. Lo comprobamos hace poco en Sukiyaki Western Django (2007), filme bastardo del ego-art tarantiniano torpedeado paradójicamente por la inútil irreverencia hacia su fuente más pura, ese monumento de la literatura universal titulado “Heike monogatari”. Se trata de un desprecio declarado al contenido, no frente a la forma —en este aspecto también se trata de una de las películas más descuidadas de Miike—, sino en favor de una pose: tal es el vicio que adopta un director cuando deja que los aficionados se le adelanten y le desbrocen el camino que él mismo debería de abrir con su propio sudor.

Como el lector se puede imaginar, en Like a dragon también se observa la tendencia hacia lo inmaterial del filme citado, pero ofrece asimismo algunos matices de interés que apuntan a una evolución del autor de cara a su producción venidera. El más importante se refiere al papel de la narración en la obra cinematográfica como conjunto, una cuestión ineludible si tenemos en cuenta el origen del guión de la película, un famoso videojuego para PS2 (“Yakuza”, homónimo en japonés) con una compleja historia que precisa al menos de unas quince horas para completarse. Para realizar tan complicada adaptación, en lugar de seguir el manual del guionista y eliminar tramas secundarias para centrarse en la historia de los protagonistas, Miike elige hacer presente la mayoría de ellas saturando al espectador de información vagamente conexa durante la mayor parte del metraje. El trasfondo de los personajes puede intuirse a medida que se van conociendo las relaciones entre ellos —fundamentalmente a través de encuentros físicos—, sin que llegue a profundizarse lo suficiente como para comprender todas las implicaciones de los hechos de la trama. Por otro lado, ésta acusa los efectos de la compresión narrativa presentando a algunos de los personajes clave en la última media hora de la cinta, meros bocetos que no trascienden su condición ausente de los minutos anteriores a su aparición.

Por otro lado, llama la atención el enfoque elegido para desarrollar el relato. Sobre el papel, Miike respeta la línea argumental del videojuego: el protagonista, Kiryu Kazuma, es un yakuza del clan Tojo recién salido de prisión que intenta romper con su pasado criminal sin hacer mucho ruido. Sin embargo, sus esfuerzos andan más encaminados a ayudar a una niña, Haruko, a encontrar a su madre desaparecida en las entrañas de los bajos fondos. Los encuentros de Kazuma con su antiguo socio Goro, un psicópata que lidera la familia Majima, así como con otros personajes movilizados por un misterioso robo de diez mil millones de dólares al clan Tojo, obligarán al protagonista a emplear a fondo sus escasos recursos para proteger su vida y la de la niña que le acompaña durante su búsqueda.

Como hemos señalado, el director no consigue una gran intensidad dramática debido a una estructura literaria dispersa y claramente expansiva, más orientada a abarcar que a penetrar en los intersticios sugeridos por el relato. Semejante aproximación resulta chocante al considerar que la obra original no es una novela o folletín pulp, sino un videojuego que destaca por dos cualidades: la minuciosa traslación que presenta de los ambientes criminales de la metrópoli y la libertad con que el personaje se mueve en los diferentes escenarios[1]. Estos factores no solo son atractivos en cuanto al abanico de opciones de juego para el usuario que se deriva de ellos; también invitan a explorar posibilidades narrativas diferentes y ajenas a los rígidos códigos del género. No se comprende, por lo tanto, por qué la estructura de la película se asemeja a un videojuego en su deslavazada intercalación de escenas y “malos” de final de fase, cuando el juego precisamente se aleja de semejantes convencionalismos.

Sorprendentemente, pues, del enfoque marcadamente lineal de la adaptación hemos de concluir que a Miike no le interesaba ni dejar un poso dramático, ni un retrato personal de los bajos fondos, ni clase alguna de experimentos narrativos; ni siquiera se entrevé la intención de perfilar unos personajes-vehículo de expresión de condiciones aberradas marca de la casa, que tan buenos resultados ha dado en obras anteriores suyas. Éste último punto dista de ser anecdótico, pues aunque el director ha suavizado su estilo en otras ocasiones con vistas a favorecer la comercialidad del producto (La gran guerra Yokai, Llamada perdida), la falta de contundencia de la puesta en escena y una estética agradable que recuerda a la recientemente premiada en Sitges Sukiyaki Western Django —el trabajo de fotografía técnicamente es notable en ambos casos, pero falto de propósito— apunta a un proceso de vaciamiento premeditado.

A tenor de lo dicho, ¿por qué nos parece más interesante Like a dragon que el citado espectáculo tarantiniano? Si bien Miike vuelve a desaprovechar (o “a no utilizar”, si suponemos una intencionalidad) un interesante material de partida, en esta ocasión el cineasta no se ve lastrado por un contrato artístico desventajoso como el que mediaba entre él y el director de Kill Bill Vol. 1. En su lugar, se percibe una cierta tendencia a la simplicidad ­que, por un lado, acentúa el carácter posmoderno de la obra —recuérdese la planificación cartooniana de todos los enfrentamientos entre Kazuma y la banda de Majima—, y por otro, nos regala momentos sazonados de una dulzura naïf  —v.g. la lluvia de dinero sobre los amantes errabundos— que reubican al espectador al borde de un agujero de gusano en el universo Miike. No sabemos si el destino de éste es un amplio espectro de público juvenil incapaz de asimilar su filmografía anterior, o simplemente un espacio vacío e incierto donde explorar nuevas inquietudes. Su última película, Crows: Episode 0 (2007), parece reafirmar el rumbo en esta dirección y, como en el caso de los mencionados Kitano o Koreeda, nos deja sin saber qué esperar de una cita que, por el momento, sigue siendo obligada.

Álvaro Peña

 

Like a dragon

[1] (volver) Agradecemos a Julián Rehecho su ayuda en la documentación acerca del videojuego para la elaboración de este artículo.

 

LA NIEBLA

The mist. Estados Unidos. 2007. 126 minutos. Dirección y guión: Frank Darabont. Thomas Jane (David Drayton), Marcia Gay Harden (Mrs. Carmody), Laurie Holden (Amanda Dunfrey), Andre Braugher (Brent Norton), Toby Jones (   Ollie Weeks), William Sadler (Jim Grondin).

La cosmología que podemos intuir en esta nueva colaboración entre el director Frank Darabont y Stephen King, es la misma, por ejemplo, que vislumbramos en “Buick 8 : un coche perverso” (Nuevas Ediciones de Bolsillo) que data del 2002. Por eso me sorprendió descubrir que la novela en la que está basada la película, “La niebla” (Nuevas Ediciones de Bolsillo) data de 1980. Aunque la verdad es que no sé de qué me sorprendo, porque me consta que, desde que en la universidad garrapateaba las primeras líneas de la saga de La Torre Oscura, el autor fantaseaba ya con un universo coherente en el que pudiesen tener lugar todos los extraños sucesos que tenía en la cabeza.

Pero aparte del deleite personal que ha supuesto para mí esta película, como admirador de la obra de Stephen King, hay que reconocer que Frank Darabont ha puesto esta vez toda la carne el asador, reuniendo a un grupo de actores quizás no especialmente conocidos pero sí de cierta solvencia, escribiendo un guión cargado de tensión que provoca escenas que quitan el aliento y con una planificación de cámara que no deja que te distraigas ni un momento. En fin, un producto de comercial de gran calidad... que espero que no se encuentre con el rechazo del público yanqui por su controvertido final.

Rosendo Chas

 

La niebla

 

PENÉLOPE

Penelope. EE.UU. 2006. 102 minutos. Director: Mark Palansky. Con: Christina Ricci, James McAvoy, Reese Whiterspoon, Catherine O’Hara, Richard E. Grant

Comedia de rasgos fantásticos tremendamente tonta y bobalicona, el debut en el largometraje de Mark Palansky empieza pareciéndose a un film de Tim Burton y termina como una de Disney, cuando la maldición que sufre su protagonista —convivir con una nariz porcina, es decir, contemplar a Christina Ricci con cara de cerda durante algo más de hora y media— llega a su fin. Pero no importa que os hayamos reventado el desenlace porque en el fondo, os hemos hecho un gran favor. Penélope es un cuento de hadas supuestamente para adultos que explora, de forma tan inofensiva como insustancial, temas como la aceptación personal, la castración materna y la sobada dicotomía belleza interior y exterior. Ni siquiera la presencia de Ricci, Reese Whiterspoon  —productora del desastre— y James McAvoy logra amenizar esta payasada cursi y afectada que no entendemos qué pintaba en esta muestra de (se supone) genuino cine fantástico y de terror.

Óscar Pablos

 

Penélope (Christina Ricci) se tapa la narizota con la bufanda

 

PENÉLOPE (y II)

Nefasto subproducto de nulo interés, no pocas cuestiones se agolpan tras su visionado, comenzando por las razones que pueden llevar a alguien a poner el dinero suficiente para llevar a cabo semejante sinsentido y, sobre todo, que motiva su sorprendente inclusión es una muestra que se presupone especializada en cine fantástico y de ciencia-ficción. Y es que más allá de su pretendido –y no logrado— tono mágico y las (en exceso) evidentes referencias visuales que, de Tim Burton a los Coen, saturan sus primeros –y mejores— minutos de metraje, Penélope no es más que una ñoña love story en la línea de “Cenicienta” y otras fábulas con desdichada protagonista femenina por el estilo, en la que su ridícula impronta naif no oculta una indigesta intención moralizante –en la línea del “si quieres, puedes”— que es, con mucho, lo peor de la función.

Aunque, siendo justos, conviene no olvidar la aportación a este desaguisado de su protagonista absoluta, una inexpresiva Cristina Ricci cuyo mayor alarde interpretativo consiste en algún que otro irritante mohín, delegando totalmente en su acertada caracterización la razón de ser del personaje. El resto de intérpretes hacen lo que pueden con sus unidimensionales roles, por lo que no es de extrañar que la siempre estupenda Catherine O´Hara se convierta sin mucho esfuerzo en lo más reseñable de este mediocre filme, bordando su papel de madre histriónica totalmente pasada de vueltas.

Víctor de la Torre

RASTRO OCULTO

Untraceable. 2008. 100 minutos. Director: Gregory Hoblit. Con: Diane Lane, Billy Burke, Colin Hanks, Joseph Cross, Mary Beth Hurt.

Esta vez, es el realizador norteamericano Gregory Hoblit (Las dos caras de la verdad, Fracture) el encargado de sacar adelante otro thriller clónico más que pueda encaramarse, aunque sea solo durante su primer fin de semana, al codiciado box office USA. Rastro oculto mezcla sin rubor un poco de Saw, otro poco de El Silencio de los Corderos —cambien a Jodie Foster por Diane Lane con hija y poco más—y un episodio cualquiera de Ley y Orden versión ‘delitos informáticos’. Al menos, director y guionistas no pretenden esconder al sofisticado psicópata hasta el mismísimo final, pero todo es tan perezoso y anodino en una trama mil y una veces vista que el sopor nos llega mucho antes de que la poli buena se cargue por fin al demente malo. De todas formas, es justo destacar la cruda fotografía de Anastas Michos —aporta un tono serio al deteriorado conjunto— y, todo hay que decirlo, la profesionalidad y las tablas de la Lane.

Óscar Pablos

 

Diane Lane y compañía

 

REBOBINE, POR FAVOR

Jessica Tandy y Morgan Freeman en Driving Miss Daisy. No, espera...

Be Kind Rewind. Estados Unidos. 2008. 101 minutos. Guión y dirección: Michel Gondry. Con: Jack Black (Jerry), Mos Def (Mike), Melonie Diaz (Alma), Danny Glover (Señor Fletcher), Mia Farrow (Señorita Falewicz) y Sigourney Weaver (Señora Lawson). Distribución en España: Universal. Fecha de estreno: 11 de abril de 2008.

La película que inauguró la noche del 6 de marzo la quinta muestra de cine fantástico organizada en Madrid por el canal Sci Fi, es el canto más emocionante a la creación cinematográfica colectiva que hemos visto desde Ed Wood (íd. Tim Burton, 1994).

Su responsable, el francés Michel Gondry, había dado fe hasta hoy, tanto basándose en guiones de Charlie Kaufman —Naturaleza Humana (Human Nature. 2001), Olvídate de Mí (Eternal Sunshine of the Spotless Mind. 2004)— como en solitario —La Ciencia del Sueño (La Science des Rêves. 2006)— de una exquisita sensibilidad hand made y lo-fi que trascendía la simple modernez y reflejaba con agudeza la necesidad y los riesgos de la fantasía a la hora de afrontar la cruda realidad. Pero quienes habían acusado a Gondry viendo las películas citadas de cierto onanismo infantil, que compartiría con Sofia Coppola, Wes Anderson y otros niños prodigio del actual cine norteamericano, se quedarán de piedra ante el posneorrealismo ideológico y formal de que hace gala en esta fábula humorística.

A partir de una anécdota en principio difícil de aceptar —intentando sabotear una central eléctrica que, según él, está friendo su cerebro, Jerry (Jack Black) sólo consigue magnetizar su cuerpo y borrar todos los films en VHS que ofrece el videoclub donde trabaja su amigo Mike (Mos Def), lo que obliga a ambos a rehacer artesanalmente los títulos más populares del establecimiento para no defraudar a sus clientes—, Gondry despliega una narración que, como la Irma Vep (íd. 1996) de Olivier Assayas, encuentra su sentido no en la armonía argumental, pues ésta brilla por su ausencia a favor de una perpetua evolución metaficcional; sino en la subversión de ciertas convenciones relativas a la facturación y el disfrute artísticos, que trae aparejada una apuesta por la reinvención, no tanto del objeto creado, como de la actitud de los sujetos que lo generan.

 

Mike (Mos Def) y Jerry (Jack Black) reinventado una manera de sentir el cine y de entender las relaciones humanas

De hecho, si Cosas de Cine constituyese la comunidad idílica que algunos soñamos hace mucho pudiera haber sido, como ese barrio de Nueva Jersey en el que los vecinos de Mike y Jack colectivizan el cine, el día del estreno de Rebobine, por favor se organizaría una excursión de editores, redactores y colaboradores varios a la sala más cercana, a ver si más de un@ lograba salir de su autismo egomaniaco. En este sentido, aunque la película parezca durante muchos minutos, a cuenta de los remakes o “suecados” del cine más popular de los 80 que realizan los protagonistas, un producto a la medida de esos freaks, de esa patética generación YouTube cuya relación con las imágenes apenas es otra cosa que pasiva, cómplice y parasitaria, el cineasta apela en última instancia a un compromiso con la creación y con el otro que hace abstracción del triunfo o el fracaso de las empresas para centrarse en el espíritu que debiera animarlas, y que en el panorama económico y humano presente es más radical que las proclamas de Lenin en 1917.

El discurso de Gondry alcanza unas cotas de lirismo y coherencia arrebatadores en el recurso a la figura mítica de Fats Waller y las circunstancias en que forjó sus habilidades pianísticas (su condición de músico de jazz también da una pista acerca de la cualidad digresiva del propio film); en el largo plano secuencia que enlaza a todos los personajes mientras recrean King Kong, Carrie, Hombres de Negro y otras; y en la inaudita, bellísima escena del debate comunal en el que deciden sobre el montaje del biopic sobre Waller que ha rodado la vecindad —e implícitamente sobre el posible futuro popular del medio— no alumnos de audiovisual ni críticos cahieristas, sino subempleados, inmigrantes, ancianos y vagabundos. Desde ya, para servidor, un momento antológico de 2008. Aunque, pensándolo bien, esa distinción podría hacerse extensiva al conjunto de la sobresaliente y revulsiva Rebobine, por favor.

Diego Salgado

 

THE SIGNAL

The signal. EE.UU.. 2006. 100 minutos. Directores: David Bruckner, Dan Bush, Jacob Gentry. Con: Anessa Ramsey, Sahr Ngaujah, A.J. Bowen, Justin Welborn, Scott Poythress.

Poco más que aportar a lo escrito por Álvaro en su reseña, con la que sí estoy de acuerdo. De las tres partes, es la última a todas luces la más insatisfactoria —quizás también porque el listón se puso muy alto con la primera y con la segunda—, lo que lleva a plantearnos el siguiente interrogante: ¿hasta que punto las semejanzas formales que presentan cada una de las tres piezas —rasgos que, de no saberlo, hubiéramos imaginado obra de un solo director— son síntomas de esa (cansina) homogeneización que lleva arrastrando el cine indie norteamericano en los últimos años?

Óscar Pablos

 

Una víctima más de The Signal

 

SOY UN CYBORG

Saibogujiman kwenchana. Corea del Sur. 2006. 105 minutos. Director: Park Chan-wook. Con: Lim Su-jeong, Rain, Choi Hie-jin, Lee Young-nyeo.

Cada vez me cuesta más entender el prestigio del que, por lo general, goza Park Chan-wook. De todas sus películas vistas a fecha de hoy —Join Security Area, la célebre ‘trilogía de la venganza’, un episodio de Three Extremes y la que nos ocupa—, solo la primera y Old Boy me han parecido dignas de (relativa) admiración. Contradiciendo a Álvaro, a mi esta historia de amor entre dos marginados ambientada en un hospital psiquiátrico decorado por Ikea me pareció insulsa, tontucia y a ratos soporífera, exceptuando los simpáticos arrebatos oníricos de la presunta robot cargándose a medio manicomio. Está claro que lo sensible y lo naif no le pegan nada al surcoreano.

Óscar Pablos

 

La protagonista femenina de I’m a cyborg con un estado empanado permanente

 

 

SELECCIÓN DE CORTOMETRAJES DE LA XVIII SEMANA DE CINE FANTÁSTICO Y DE TERROR DE SAN SEBASTIÁN por Miguel Ángel Talha

Ark. Polonia. 2007. 8 minutos. Dirección: Grzegorz Jonkajtys.
La mayor parte de la humanidad ha muerto debido a una extraña enfermedad. Los pocos supervivientes embarcan en modernas arcas a la búsqueda de tierras nuevas a las que el virus no haya llegado, en un intento de salvaguardar el futuro de la raza humana. Un hombre dirige la expedición.

De elaborado manierismo, este corto de animación fue, al menos en el aspecto técnico, el más sorprendente de esta pequeña selección. La historia, de final tan emotivo como chocante, es una mera excusa para este ejercicio estilistico que, quizás, bordea lo pretencioso.

El ataque de los Kriters asesinos. España, 2007. 10 minutos. Dirección: Sam.
Luisa es una mujer que debe enfrentarse a la titánica tarea de limpiar la casa ante la inminente visita de su suegra. Sin embargo, la televisión anuncia un maratón de decenas de capítulos de su serie favorita, y una vez que empieza a verla no puede parar. La suciedad se acumula por toda la casa, la mugre amenaza con acabar con su vida.

Desató las risas de los asistentes con su estilo a medio camino entre Javier Fesser y las animaciones de Aardman (Wallace y Groomit, Rebelión en la granja, etc.). Pero al final no es más que una sucesión de gags cargada de homenajes, sobre todo a la publicidad dirigida a amas de casa.

Beasts. Holanda. 2005. 5 minutos. Dirección: Dirk Verschure.
Una historia sobre tiernos animales que mutan y se desmiembran explicada en cinco actos.

El dibujo típico de niño pequeño, trazos nada uniformes de lápices de colores o ceras, contrasta con la violencia que destila este corto de animación que simula una especie de documental de naturaleza surrealista. A pesar de ser el más simple, fue el que hizo pasar el mejor rato al público asistente.

Codehunters. Gran Bretaña. 2006. 9 minutos. Dirección: Ben Hibon.
En un futuro no muy lejano e incierto, un hombre llega a la ciudad portuaria de Lhek. El paisaje que se le muestra es desolador: está completamente destrozada y casi abandonada. Las circunstancias le llevarán a unirse con otros tres héroes solitarios en una lucha sin cuartel contra las bandas del crimen organizado, la corruptas fuerzas del orden y monstruos sedientos de sangre.

Corto de animación por ordenador para la MTV que toma como referencia el anime japonés (en un estilo que se ha dado en llamar amerimanga) en un estilo muy parecido a lo que fue Aeon Flux de Peter Chung. Por el enorme presupuesto de esta propuesta, resulta casi injusto que se mida con cortos de muy inferior presupuesto. Eso sí, es pura imagen, sin el más mínimo fondo.

 

Codehunters

Las horas muertas. España. 2007. 13 minutos. Dirección: Haritz Zubillaga. Intérpretes: Marián Alvarez , Zoe Berriatúa, Nydia García, Andrés Gertrudix.
Un francotirador acecha a dos parejas que pasan las vacaciones en una caravana. Están a su merced, sometidos al terror de oir y sentir a quien intenta cazarlos sin poder ver su cara.

Con punto de partida en una especie de american gothic al estilo de La matanza de Texas, desemboca en algo que nos es tristemente familiar y que hace pensar en Trigger man (Ti West, 2007), cuando ya casi habíamos conseguido olvidarla. Prescindiendo de música incidental, consigue enervar con un repetitivo silvido que suena durante todo el metraje (recurso en que también recuerda a algunas cintas de terror de los 70). Finalmente, sin embargo, el predecible desarrollo llega a un desenlace completamente inesperado... tanto como pretencioso.

In the Wall. Estados Unidos. 2006. 15 minutos. Dirección: Mike Williamson. Intérpretes: Erin Brown, Chris McKenna, Patty McCormack, Annika Svedman.
En la Nochevieja más calurosa que se recuerda, una joven embarazadísima vuelve a casa, donde se encuentra con su marido tumbado en el sofá, como habitualmente. Ella espera con alegría la llegada de su hijo. Él parece tener otros planes para la familia.

Este corto de animación bien merecería un cartel parecido al que se pudo ver en los cines Palafox poco antes de la proyección de À l’ intérieur. Y es que se trata de una de esas películas que pretende forzar los límites de lo políticamente correcto, en este caso, dando una visión gore y hasta cómica de la violencia de género. Con una historia similar a "El corazón delator" de Poe, la vuelta de tuerca que da es completamente enloquecida.

The Pearce Sisters. Gran Bretaña. 2006. 9 minutos. Dirección: Luis Cook.
Esta es la historia de las hermanas Lol y Edna Pearce, que habitan en un remoto, austero y paupérrimo lugar de la costa azotado por las olas. Viven de lo que el mar les proporciona, del pescado que capturan y luego ahuman. Su existencia transcurre solitaria. La única compañía que tienen es la que se dan la una a la otra. Los días se suceden iguales, azotados por el viento, el frío y la lluvia. Hasta que una mañana su existir se ve alterado por la llegada de un hombre, un náufrago al que rescatan del mar y que llevan a su casa para que se recupere.

Esta es la nueva propuesta del estudio Aardman, que se hizo famoso por los personajes Wallace y Groomit, y que ahora apueastan por un estilo y una temática muy distintas. Una técnica muy distinta a lo que nos tienen acostumbrados y unos diseños que bordean lo terrorífico, se juntan en un relato cargado de humor negro que fue, sin duda, el corto preferido de quien firma este texto.

 

The Pearce Sisters

 

 

Créditos     - -  -  - -     Contacta     - -  -  - -     Enlaces