Considerado
un clásico popular dentro de la literatura dedicada al séptimo arte,
“Las aventuras de un guionista en Hollywood”
no es el típico manual dedicado a la elaboración del guión perfecto
a lo Robert McKee o Linda Seger. Más que eso, “Las aventuras...
describe la experiencia vital y profesional ––en este caso van unidas––
de su autor, el escritor y guionista norteamericano William Goldman,
el cual relata, con increíble soltura y prodigioso entusiasmo, los
entresijos de la industria hollywoodiense de los años 60, 70 y principios
de los 80, así como la gestación de los proyectos más destacados
en los que se vio involucrado durante ese tiempo. Conocer este suculento
libro es descubrir cómo se concebía y facturaba el cine entonces,
y realmente merece la pena.
William Goldman[1] es uno de los guionistas más carismáticos de Hollywood, o al menos lo fue en la década de los 60, y especialmente en la de los 70, donde se concentran sus mejores trabajos para la pantalla. Hay que aclarar que su libro termina cronológicamente en 1982, por lo que haremos caso omiso a su carrera posterior (para eso, ya tendremos tiempo de reseñar en un número posterior su segunda parte, Nuevas aventuras de un guionista en Hollywood). Las películas en las que intervino en esta época demuestran la versatilidad y profesionalidad de un guionista capaz de amoldarse a cualquier tipo de género de la forma más natural, y títulos tan diferentes entre sí como Dos hombres y un destino (Butch Cassidy and the Sundance Kid. George Roy Hill, 1969), Todos los hombres del presidente (All the President’s Men. Alan J. Pakula, 1976), Marathon Man (id. John Schlesinger, 1976) o Un puente lejano (A Bridge Too Far. Richard Attenborough, 1977) así lo atestiguan.
Pero Goldman, antes de involucrarse en la industria cinematográfica, ya era conocido como novelista y escritor de cuentos. Su primera obra, “The Temple of Gold”, data de 1957, y otras como “Soldier in the Rain” (1960), “The Princess Bride” (1973) o “Marathon Man” (1973) fueron adaptadas al cine con posterioridad, siendo él mismo incluso el encargado de la traslación a la pantalla grande en el caso de estas dos últimas. Posiblemente su faceta como escritor anterior a la de guionista haya permitido que “Las aventuras de un guionista en Hollywood” se caracterice por una prosa lúdica de aires novelescos que relata las andanzas de Goldman por un universo de los más peculiar y variopinto, a veces, casi de película. En cierto sentido, “Las aventuras...” es como un cuento, en el que aparecen personajes buenos, malvados, extravagantes, encantadores, arrogantes, imbéciles..., toda una fauna que la pluma de Goldman logra describir con una naturalidad apabullante, no sin ciertas dosis de cinismo bien administrado ––el jocoso concepto que tiene de las reuniones laborales con los miembros de la industria corroboran ese“Nadie sabe nada” empleado por el guionista a la hora de definir el mundillo de Hollywood, entre otras perlas––.

Imágenes de dos de las películas más importantes en la carrera de William Goldman. Arriba, Dos hombres y un destino y, abajo, Todos los hombres del presidente
William Goldman parece un tipo simpático. Sus animados y suculentos chascarrillos sobre el mundo del cine hace que pudiésemos tildarle de ‘portero de Hollywood’, pero él siempre va un poco más allá. Retoca la anécdota y hace partícipe de ella al lector de manera agradable y accesible. En el plano personal, son especialmente tiernas las descripciones que hace del actor Cliff Robertson ––conocerle le posibilitó su entrada al mundo del cine con Agentes dobles (Masquerade. Basil Dearden, 1965), su primera película como guionista–– y de los actores/directores Laurence Olivier y Richard Attenborough ––tras las gratas experiencias que tuvo con ellos en los rodajes de Marathon Man y Un puente lejano, respectivamente––. Goldman es sensible y agradecido cuando tiene la oportunidad de serlo, pero también es duro y sincero en cuestiones no del todo agradables, especialmente cuando se ha topado con proyectos que, por una razón u otra, tuvieron más complicaciones de las debidas (como en Todos los hombres del presidente)[2], no prosperaron (dedica varias páginas al proyecto frustrado de realizar Gran Hotel) o en los que directamente, fue sustituido por otro guionista (Philip Kaufman en Elegidos para la gloria, la cual también dirigió).
Aunque sean discutibles algunos términos empleados por Goldman como el de “película-cómic” [3], al menos tiene la modestia necesaria como para explicar con ejemplos su, por otro lado, atrevida pero honesta argumentación. Ya en 1982 se pronunció sobre el miedo que intuía al comprobar la serie de proyectos que se estrenarían durante el verano de ese mismo año[4], anticipando por lo tanto, casi sin pretenderlo, el concepto mainstream con matiz despectivo creado posteriormente. Goldman es un tipo que se ha criado con el cine clásico norteamericano, y para bien o para mal, sus gusto estéticos y sus juicios morales son herederos de éste. La “impronta clásica” recorre su formación, aficiones y, por ende, sus trabajos para el cine, y cualquier aspecto que se aleje del clasicismo tal y como él lo entiende ––como las teorías sobre el “cine de autor”, de las cuales reniega por completo–– corre el riesgo de ser convenientemente criticado en las páginas de su libro.[5]
La parte final de “Las aventuras...” es gozosamente la más didáctica. Goldman nos deleita con un encantador cuento titulado “Da Vinci” y, posteriormente, con la versión del mismo pero hecha guión cinematográfico. A continuación, pide su opinión a una serie de profesionales que han colaborado en algunos de los títulos en los que Goldman participó como guionista. De esta forma, al lector se nos permite descubrir cuál es la forma en la que el director George Roy Hill, el director de fotografía Gordon Willis o el músico Dave Grusin, por citar solo a tres, plantearían, desde la posición de su oficio, las ventajas y los inconvenientes que el guión causaría si este fuera realmente trasladado a la gran pantalla y se hiciera realidad cinematográficamente. Sin duda alguna, una forma admirable de rematar un entretenidísimo pseudo-ensayo ausente de pedantería y, a la vez, placenteramente constructivo sobre el arte de crear, consumir y entender el cine apto para todo tipo de paladares. En una sola palabra: delicioso.

William Goldman
NOTAS
[1] (volver) Ver artículo en la Wikipedia española.
[2] (volver) Su sinceridad ante el caos en el que se vio inmerso preparando el libreto de esta película hace que escriba cosas como “En la primavera del 75 tuve más retortijones que en toda mi carera de escritor [...]” (Pág. 204). Sus retortijones, al menos, tuvieron recompensa: recibió el premio de la Academia por el guión original de Todos los hombres del presidente (fue su segundo Óscar, el primero lo había obtenido siete años atrás por Dos hombres y un destino). Curiosamente son estos dos trabajos, junto a Un puente lejano, a los que más páginas dedica Goldman en su libro. En cambio, de la película Magic (id. Richard Attenborough, 1978), basada además en su novela homónima, no comenta prácticamente nada.
[3] (volver) Todo este capítulo, titulado con el incitante nombre de “La ecología de Hollywood (o George Lucas, Steven Spielberg o Gunga Din)”, es especialmente atractivo. Un ejemplo: “[...] La película-cómic no tiene mucho que ver con la vida tal cual es, tal y como nosotros la conocemos. Más bien tiene que ver con la vida tal y como nos gustaría que fuera. Así es más seguro” (Pág. 144).
[4] (volver) Se refería a una serie de “películas-cómic” que ocuparían la cartelera estival, tales como Grease II, Megaforce, Annie, Tron, Firefox o Blade Runner, entre otras.
[5] (volver) Un extracto al respecto sobre la noción de “autor”: “[...] ¿Cómo podríamos decir que Steven Spielberg es el ‘autor’ de la película? ¿Por qué hablamos hoy de ‘Tiburón, de Steven Spielberg’? No me estoy metiendo con él. Hizo un trabajo de primera dirigiendo esta maravillosa y aterradora película. Pero no veo en él al autor de la película [...]” (Pág. 101).
TÍTULO ESPAÑOL: Las aventuras de un guionista en Hollywood
TÍTULO ORIGINAL: Adventures in the Screentrade
AUTOR: William Goldman
TRADUCCIÓN Y NOTAS: José García Vázquez
EDICIÓN ESPAÑOLA: Plot Ediciones, S. A., 1992. (Tercera edición : abril 1998)ISBN: 84—86702—17—8