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Zombis: subgénero resucitado
Por Rosendo Chas

Zombis, muertos vivientes, abortados de sus tumbas por sacerdotisas Vodú o reanimados por algún experimento fallido del gobierno. Estos espectros, en sus múltiples formas, han sido parte de la cultura popular desde la noche de los tiempos y, de la misma forma, parte del cine desde sus inicios.


I. Orígenes: el folklore.

En muchas culturas, a lo largo y ancho de la Tierra, se han contado desde siempre historias de espectros condenados a vagar entre la vida y la muerte pero la tradición que ha tenido más peso en el subgénero cinematográfico que nos ocupa es la religión Vudú.

La palabra “zombi” era originalmente otro nombre para referirse a la serpiente sagrada Daballa, padre de los Loas o dioses de la religión vudú, pero está claro que la cultura popular ha absorbido el término con otra acepción: la tradición vudú asegura que un bokor, un sacerdote, puede esclavizar a una persona después de muerta, que a partir de entonces caminará sin rumbo, como en trance, a la espera de una orden de su amo.

Las primeras películas en las que se pudieron ver zombis incluirían este tipo de criaturas, esclavos sin mente resucitados por algún sacerdote maligno. Así, en la que se señala como primera película del género, La legión de los hombres sin alma (White Zombie. Victor Halperin, 1932), Bela Lugosi es capaz de levantar a los muertos y obligarles a que hagan su voluntad. Pero, aparte de ser monstruos de relleno para el cine de terror, en esta etapa del cine de zombis solo resulta verdaderamente remarcable la película Yo anduve con un zombie (I walked with a zombie. Jacques Tourneur, 1943).

 

Yo anduve con un zombie (I walked with a zombie. Jacques Tourneur, 1943).

Esta es una religión a la que apenas se prestaría atención hasta finales de los años 30, cuando la antropóloga estadounidense Zora Neale Hurston[1], en el curso de su investigación de la cultura del Caribe inglés, descubrió algunos de los secretos mejor guardados de la tradición vudú, como por ejemplo varias de las drogas que los bokor usaban para alcanzar el trance y así, supuestamente, entrar en contacto con los Loas y que estos pudiesen hablar a través suyo. Ya en los años 80, el etnobotánico canadiense Wade Davis descubriría el secreto del “polvo zombi”, coup de poudre, que resultó ser una poderosa droga[2] que sumía al sujeto en un estado letárgico que podía confundirse con la muerte. El libro de Davis, “El enigma Zombi”[3], sería trasladado al celuloide con gran éxito pocos años después. En La serpiente y el arco iris (The serpent and the rainbow. Wes Craven, 1988), se explica que el resucitado se encuentra, tras este proceso, en gran disposición de creer que efectivamente es un zombi y que ha de obedecer a aquel que le ha maldecido.

 

II. Orígenes: el trasfondo temático.

Los relatos de resucitados que caminan junto a los vivos se remontan a las primeras edades del hombre. “La Epopeya de Gilgamesh”[4], que describe la búsqueda de la inmortalidad por parte de un rey sumerio del 2650 a. C., narra en uno de sus pasajes como la diosa Ishtar, rechazada por Gilgamesh, reclama para consumar su venganza El Toro del Cielo a su padre, Anu, amenazando, si no se lo concede, con derribar las puertas del Inframundo para que los muertos caminen sobre la Tierra:

“[...] ¡Y dejaré que los muertos asciendan para comerse a los vivos! [...]”.

La literatura del Romanticismo, que surgió a finales del XVIII en contraposición a la rigidez de la Ilustración, iba en muchos casos de la mano de la fatalidad. La muerte es tema principal para los románticos, una idea que les acosa y que, en muchas ocasiones, termina por ser la única salida a la continua frustración que el idealista siente ante la realidad cruelmente materialista en la que vive[5]. Frente al Racionalismo, los artistas románticos exploran los caminos de la magia y ensalzan el naturalismo como identidad propia. La relación de estos autores con el ocultismo, en cierta forma como sublimación de la muerte, lleva al Fausto de Goethe a su viaje con Mefistófeles y a Frankenstein a devolver a la vida a su amada muerta.

Y precisamente los autores románticos y otros seguidores de la tradición gótica –Arthur Machen, Lord Dunsany, Edgar Allan Poe...– fueron la principal influencia del que a su vez ha sido uno de los autores cuyo influjo ha tenido más peso en el cine de zombis moderno: H. P. Lovecraft.

 

III. Nueva génesis: los zombis de George A. Romero.

En 1968, George A. Romero estrena La noche de los muertos vivientes (Night of the living dead) y abre la puerta a un nuevo subgénero.

Romero, influido especialmente por la novela “Soy leyenda”[6], de Richard Matheson, y los cómics de terror como la serie "Tales from the Crypt"[7], que a menudo adaptaban historias de Lovecraft, lleva a la gran pantalla a unos zombis que poco se parecen a los esclavos sin mente de La legión de los hombres sin alma. El Vudú desaparece por completo como excusa creadora, y de hecho, en esta primera película, ni siquiera se explica el porqué de que los muertos se hayan levantado de sus tumbas. Son criaturas lovecraftianas, antropófagas, lentas y torpes pero implacables, que propagan la plaga por su mordedura. Aunque en los diálogos de La noche de los muertos vivientes no se refieren a los muertos vivientes como “zombis”, en las acotaciones del guión les identifican como ghouls[8], criaturas bastardas del mismo padre literario.

 

Genuínos zombis romerianos.

Los zombis dejan de ser esclavos de un hechicero y pasan a ser una infestación descontrolada. Una muchedumbre que amenaza tu vida y con la que no se puede razonar es la base de cualquier invasión. En 1955, “Los ladrones de cuerpos”, de Jack Finney, relataba una invasión extraterrestre. La situación de paranoia y de impotencia ante la propagación del fenómeno era muy similar a la que vivirían los supervivientes a un Apocalipsis zombi.

Si en algo se aleja este subgénero de la literatura Romántica y su escuela es que en aquellas historias los protagonistas podían confiar en sus compañeros de viaje hasta la muerte. En este cine de zombis moderno a menudo se descubre que la amenaza más peligrosa no está fuera sino allí mismo: es otro humano que hará lo que sea para sobrevivir. Este tipo de historias de supervivencia[9] son el escenario perfecto para que las personas saquen lo mejor y lo peor de sí mismas.

Y si los supervivientes consiguiesen eludir la primera oleada, al salir de sus refugios se encontrarían vagando por territorios antes solo explorados por Lord Dunsany en sus sueños opiáceos, aquellas inmensidades yermas, ciudades abandonas que evidenciaban la caída de civilizaciones nacidas en el principio del tiempo... igual que las abandonadas ciudades que, atestadas de cadáveres andantes, nos muestran el fracaso de nuestra propia civilización.

 

Londres desierto en 28 días después (28 days later... Danny Boyle, 2002).

Estas constantes se han ido repitiendo, con mayor o menor fidelidad, a lo largo de la saga de los muertos vivientes. El propio George A. Romero dirigiría diez años más tarde la segunda entrega, Zombie (Dawn of the dead. 1978), y tras otros siete años una tercera entrega, El día de los muertos (Day of the dead. 1985), después de la que tendrían que pasar veinte años más para que llegase a nuestras pantallas la cuarta entrega, última hasta la fecha, La tierra de los muertos vivientes (Land of the dead. 2005). Además, en algún lugar entre la tercera y la cuarta entrega, Romero se implicó a fondo en el remake que Tom Savini hizo de la película original, La noche de los muertos vivientes (Night of the living dead. 1990), una versión con muchos más medios que su predecesora –sin ir más lejos, era en color– para la que Romero rescribió el guión junto con John A. Russo, con el que también había trabajado en la versión del 68.

 

IV. Propagación: la influencia de Romero.

Romero puso la semilla pero este subgénero es algo más que las cuatro películas de la saga de los muertos vivientes. En distintas cinematografías a lo largo y ancho del mundo se recogió en seguida el testigo y surgieron imitadores por doquier, cineastas que fueron aportando sus propios elementos al subgénero.

 

Cinematografía estadounidense

La noche de los muertos vivientes, estrenada en 1968, supuso una importante conmoción social[10]. La crítica de la época, escandalizada por las dosis de sadismo y gore de la producción, rechazó la película... sin embargo, a menudo las cifras pesan más que las palabras. Según el Wall Street Journal[11], la primera película de la saga de Romero pudo recaudar cerca de 50 millones de dólares, entre el mercado doméstico y el internacional –una recaudación que apenas alcanzaría una película como Darkman (íd. Sam Raimi, 1990) y que otra como Solo en casa (Home alone. Chris Columbus, 1990) superaría diez veces, para hacerse una idea–. Sin llegar a ser un taquillazo, teniendo en cuenta el presupuesto ínfimo de la producción, resultó todo un éxito.

A pesar de esto, el verdadero impacto en la cinematografía estadounidense tendría un retardo de casi diez años. En esa primera década, tras el estreno de la primera de Romero, se producen multitud de películas de bajo presupuesto con más o menos acierto: Children Shouldn·t Play with Dead Things (1972) y Dead of Night (1974) de Bob Clark –que más tarde se haría famoso por Porky’s (1980)–, Garden of the Dead (John Hayes, 1974), Sugar Hill (Paul Maslansky, 1974), Shock Waves (Ken Wiederhorn, 1977), The Child (Robert Voskanian, 1977), etc. Y de nuevo, lo más reseñable de esta etapa viene de la mano del propio George A. Romero[12], con la primera secuela del original, Zombie (Dawn of the dead. 1978).

 

 

Ya en los años 80, los muertos vivientes se han ido filtrando poco a poco, discretamente, en la cultura popular estadounidense y una nueva generación de cineastas se coge de la mano con la anterior para dar lugar a un nuevo cine de terror, un lavado de cara al exploitation yanqui que quiere ir más allá de la simple producción en serie.

Esta nueva tendencia no tiene reparo en mezclar géneros alegremente: drama, comedia, suspense... gore.  John Landis, que había triunfado con las comedias Desmadre a la americana (National Lampoon·s Animal House. 1978) y Granujas a todo ritmo (The Blues Brothers. 1980), rompe todos los esquemas del género de terror en Un hombre lobo americano en Londres (An American Werewolf in London. 1981) –sin zombis propiamente dichos pero con unos simpáticos cadáveres vivientes maquillados genialmente por Rick Baker–. Sam Raimi produce y dirige a su vez, con solo un puñado de dólares y unos pocos amigos, Posesión infernal (The Evil Dead. 1981), una original vuelta de tuerca a La noche de los muertos vivientes, en la que se pueden observar múltiples referencias a H. P. Lovecraft. Y en 1982, George A. Romero vuelve, de la mano de Stephen King, con su versión de "Tales from the Crypt" llamada Creep show (1982) –tampoco hay zombis propiamente dichos, pero las conexiones son indudables–.

Claro que, la producción que va a dar a conocer a los zombis como ninguna otra, no es una película: es un vídeo musical. En 1983, John Landis dirige y coguioniza el videoclip Thriller, sobre un tema de Michael Jackson, rompiendo los esquemas de la industria y cosechando un éxito nunca visto –el video sigue estando en los primeros puestos de todas las listas[13]–. Se trata de uno de los videoclips más caros de la historia, y cuenta con unos efectos especiales acordes al presupuesto y con un maquillaje zombi soberbio, por obra y gracia de Rick Baker. La música incidental corrió a cargo de otro habitual de Landis, Elmer Bernstein. Finalmente, no puedo dejar de mencionar, la intervención del maestro del terror Vincent Price, narrador de esta historia a medio camino entre el video musical y el cortometraje de terror.

 

Michael Jackson en el videoclip Thriller.

En 1985, Stuart Gordon estrena Re-Animator, libre adaptación del relato de H. P. Lovecraft “Herbert West: reanimador”[14] –otra gran influencia para el subgénero del moderno cine de zombis por parte de una película que no pertenece al mismo–. Ese año, de nuevo en la línea de lo que se ha dado en llamar horror comedy, Dan O’Bannon estrena su película El regreso de los muertos vivientes (The Return of the Living Dead. 1985), negra sátira que en algunos sentidos influyó más, en cuanto a claves de género, que el original de Romero –recuerdan a esos zombis que gimen “Cereeeeeebros vivos”, pues es de esta película–. Y un año más tarde se estrena El terror llama a su puerta (Night of the Creeps. Fred Dekker, 1986) –Dekker dirigiría al año siguiente la película de culto Una Pandilla Alucinante (The Monster Squad. 1987)–.

De esta etapa, quedaron dos sagas en las que merece la pena hacer hincapié: la de Sam Raimi, Posesión infernal, y la de Dan O’Bannon, El regreso de los muertos vivientes. De la saga de Raimi, hemos podido ver hasta ahora, además del original, Terroríficamente muertos (Evil dead II. 1987) y El ejército de las tinieblas (Army of darkness. 1992). La de O’Bannon tiene cinco entregas, aunque solo las tres primeras pertenecen a esta etapa del cine de zombis. La secuela de El regreso de los muertos vivientes se llamó La divertida noche de los zombies (Return of the Living Dead Part II. 1988) y la tercera entrega Mortal zombie (Return of the Living Dead III. 1993).

 

La divertida noche de los zombies (Return of the Living Dead Part II. 1988).

Pero tras la bonanza de los años 80, la década de los 90 sería un nuevo descenso a los infiernos. Producciones poco cuidadas y de presupuesto ínfimo: de nuevo el subgénero es absorbido por el exploitation. Compañías como Troma Entertainment –responsables de la saga de El Vengador Tóxico– pusieron su cadena de montaje a trabajar y produjeron y/o distribuyeron una lista considerable de títulos entre los que encontramos: The Curse of the Screaming Dead (Tony Malanowski, 1982), Redneck Zombies (Pericles Lewnes, 1987) o Chopper Chicks in Zombietown (Dan Hoskins, 1991).

Como contrapartida a esta caída en desgracia, los medios para hacer una película comenzaban ya a ser asequibles para los simples aficionados, y algunos se lanzan a hacer sus propias películas de zombis. Así sucede, por poner un ejemplo, con la saga de Zombie Bloodbath –un producto directo a vídeo–.

 

Cinematografía española

Durante la dictadura franquista, la censura había hecho muy difícil hacer películas como las que, por ejemplo en EEUU, se exhibían los sábados en sesión vespertina: vampiros, momias y zombis habían quedado reducidos a la mínima expresión. Por eso mismo, cineastas como Jesús Franco, se vieron obligados a abandonar el país en busca de otras cinematografías algo más libres. Pero llegados los años 70, en los últimos estertores de la dictadura, resurge una “industria” cinematográfica en la línea del exploitation británico o estadounidense.

Amando de Ossorio[15], cuya anterior película Malenka (1969) tuvo cierta repercusión gracias al reclamo de la actriz protagonista, Anita Ekberg –mundialmente famosa ya por su chapoteo en La dolce vita (íd. Federico Fellini, 1960)–, dirige La noche del terror ciego (1971), que da comienzo a la saga Blind dead. Estos zombis a duras penas podrían ser considerados romerianos, esqueletos que cabalgan sobre monturas cadavéricas y que persiguen a sus presas incansablemente hasta darles caza –algo que, por cierto, hacen de oído, puesto que son ciegos–. De hecho se parecen más a los Nazgûl descritos por J. R. R. Tolkien en su novela “El señor de los anillos” que a los zombis de La noche de los muertos vivientes. Los templarios vivientes de Ossorio tendrían bastante éxito entre los fans del subgénero, lo que propiciaría tres entregas más dirigidas y guionizas por él mismo: El ataque de los muertos sin ojos (1973), El buque maldito (1974) y La noche de las gaviotas (1975).

 

El ataque de los muertos sin ojos (Jesús Franco, 1973).

Mientras tanto, Jesús Franco[16] se había hecho un hueco ya en la serie B europea con películas como Necronomicon (Necronomicon: Geträumte Sünden. 1968) –que llegó a presentarse a la Berlinale–. Su aportación al género de zombis quizás sea la más extensa, títulos como Christina, princesse de l·érotisme (1973), L’abîme des morts vivants (1981), Le lac des morts vivants (1981), Oasis of the Zombies (1981), La tumba de los muertos vivientes (1983), etc. Es este un director que en la actualidad cuenta con más de doscientas películas en su haber, un director maldito, que fue señalado por el Vaticano como cineasta más peligroso –junto con Luis Buñuel–, un director con un peso específico en el género de terror español como ningún otro.

Además de Ossorio y Franco, se realizaron también otras películas del subgénero, en la línea también de estos cineastas, como La muerte viviente (Juan Ibáñez, Jack Hill, 1971), La orgía de los muertos (José Luis Merino, 1973) y la coproducción italiano española No profanar el sueño de los muertos (Non si deve profanare il sonno dei morti. Jorge Grau, 1974).

 

Cinematografía italiana

La democracia italiana tenía ya veinte años cuando esta ola de terror llegó a sus pantallas. Se trataba de una cinematografía considerablemente libre, recién llegada del neorrealismo de Vittorio de Sica –con su Ladrón de bicicletas (Ladri di biciclette. 1948)– y de la llamada comedia italiana de Pietro Germi –Divorcio a la italiana (Divorzio all·italiana. 1961)–, y entrando en un periodo en que la influencia de la cinematografía yanqui sería más fuerte que nunca, como por ejemplo demuestra el surgimiento del spaghetti western.

En los años 70 aparece un nuevo cine de terror en Italia, con características similares al exploitation yanqui pero con personalidad: es el Giallo. Directores como Darío Argento y Mario Bava, hicieron famoso este movimiento que, además de las características habituales en este cine barato de terror –historias pulp, violencia explícita, erotismo sin excusa y sangre a chorros–, ofrecía un novedoso sentido estético que terminaría por crear escuela, influyendo en cinematografías de todo el mundo.

Lucio Fulci, representante también del giallo, es el cineasta italiano que principalmente tomó el relevo de George A. Romero. De hecho lo hizo casi literalmente, puesto que, mientras en EEUU, Romero dirigía Zombie, secuela de La noche de los muertos vivientes, Fulci dirigía en Italia una película que se estrenaría poco después y que trataría de subirse al carro de los zombis yanquis cambiando en el último momento su nombre por Zombie 2, Nueva York bajo el terror de los zombies (Zombie 2. 1979). A esta seguirían Miedo en la ciudad de los muertos vivientes (Paura nella città dei morti viventi. 1980), El más allá (E tu vivrai nel terrore: L·aldilà. 1981) y Zombie 3 (1988). Los zombis de Fulci eran sin duda romerianos pero iban algo más allá en lo que a violencia explícita y gore respecta.

 

Nueva York bajo el terror de los zombies (Zombie 2. Lucio Fulci, 1979).

Más allá de Fulci, esta etapa de la cinematografía italiana fue un yermo de películas de bajo presupuesto y aún más baja calidad. Pero en 1994, cuando el subgénero estaba casi enterrado, habría que destacar el fabuloso trabajo de Michele Soavi en Mi novia es un zombie (Dellamorte dellamore), una vuelta a sus raíces –trabajó con Joe D’Amato y con Darío Argento– pero con un enfoque artístico y existencialista único. El cine italiano de zombis tuvo poco más que decir en esa década.

 

Otras cinematografías

Alemania, Francia, Inglaterra y otros países europeos estuvieron implicados en muchas producciones italianas y españolas, pero aunque sin duda se podrían listar cierta cantidad de películas de zombis de estas nacionalidades, no causaron el impacto en el subgénero que supusieron las cinematografías descritas en los anteriores epígrafes.

Por su parte, en el cine oriental, los zombis fueron mucho tiempo monstruos de usar y tirar para el cine de artes marciales. Son cinematografías con una cosmología propia y única que con el tiempo ha terminado por invadir Occidente con sus siniestros fantasmas de larga cabellera negra y sus guerreros de espadas que cortan la piedra. Y hasta finales de los noventa no tomarán verdaderamente el relevo del cine de zombis moderno.

Eso sí, una cinematografía tan modesta como la neozelandesa tendría un impacto en el subgénero muy superior al de las descritas en este epígrafe. En 1987, Peter Jackson por fin acaba su película amateur de zombis, Mal gusto (Bad taste. 1987), que alcanzaría inmediatamente el rango de cine de culto y que le permitirá dar el salto a su segunda película, Braindead: tu madre se ha comido a mi perro (Braindead. 1991), hálito último del subgénero –al menos hasta la llegada del siglo XXI–. Estas dos películas marcan el comienzo de una nueva etapa.

 

La mamá de Lionel le hará pasar un verdadero calvario en Braindead: tu madre se ha comido a mi perro (Braindead. Peter Jackson, 1991)

 

V. Evolución: una generación de freaks.

Si la generación amamantada por Roger Corman –Coppola, Scorsese, etc.– era ya un grupo de cinéfilos con referencias claras en el cine de sus mayores, a la nueva generación se le salen las referencias por las orejas. Se inicia una etapa en la que, concretamente el cine de terror, está hecho por fans y para fans. Arranca, de forma algo prematura, con Braindead: tu madre se ha comido a mi perro (Braindead. Peter Jackson, 1991), pero no coge fuerza verdaderamente hasta el cambio de siglo.

Uno de estos nuevos imitadores es el japonés Ryuhei Kitamura, que se introduce en el subgénero de zombis con su mediometraje Down to hell (1997) y que luego repite en su primer largometraje, Versus (2000), que a pesar de sus claras influencias tiene una buena dosis de personalidad. Mucho menos se desmarca la popular Junk: Shiryô gari (Atsushi Muroga, 2000), que sigue aún en la línea de las películas de zombis de la década de los 80. También ese año se pudo ver en Japón Wild zero (Tetsuro Takeuchi, 2000), a mayor gloria del grupo de rock Guitar Wolf, que seguía también las reglas del cine de zombis romeriano. Y finalmente, por terminar con la lista de lo destacable, Stacy (Naoyuki Tomomatsu, 2001), que se conducía por la senda de la horror comedy, y que hacía también múltiples referencias a Romero y alguna que otra a Posesión infernal (The evil dead. Sam Raimi, 1981).

 

Wild zero (Tetsuro Takeuchi, 2000).

El hongkonés Wilson Yip, metido desde los ochenta en la maquinaria del “cine rápido”, dirigió algunos títulos en los que parecía ir tachando de una lista los temas más populares del terror casposo, entre ellos Bio Zombie (1998) –que obtiene la consideración más restrictiva del sistema de calificaciones del cine de Hong Kong–, su revisión de la secuela de George A. Romero, Zombie (Dawn of the dead. 1978).

En España, el sello de la Filmax con el que en los últimos años han producido cine de terror de consumo para el mercado internacional, Fantastic Factory, estrenó una nueva entrega de la saga de Herbert West: Beyond Re-Animator (Brian Yuzna, 2003). También habría que mencionar, aunque sea de pasada, los recientes intentos españoles en el cine de zombis, señalando en todo caso que es un cine referencial que no se toma en serio a sí mismo –parece que en estas películas son más importantes los cameos de Paul Naschy, Jess Franco o Jordi Costa, que la historia– y que no aporta apenas nada al subgénero: Mucha sangre (Pepe de las Heras, 2002), Una de zombis (Miguel Ángel Lamata, 2003) y Kárate a muerte en Torremolinos (Peter Temboury, 2003).

Mención aparte merece una iniciativa como Home delivery: Servicio a domicilio (Elio Quiroga, 2005)[17], un cortometraje del director de La hora fría (2006) producido por Guillermo del Toro. El cine de animación de zombis requeriría un estudio más profundo, pero valgan, como muestra de que la influencia de Romero se ha extendido por doquier, el genial cortometraje británico Not without my handbag (Boris Kossmehl, 1993), el cortometraje canadiense The Night Life (Gregory Duke, 2004) y las apariciones de zombis en series de animación como Los Simpson (The Simpsons. Matt Groening, 1989) y South Park (Trey Parker, Matt Stone, 1997). Incluso en la película de animación de Tim Burton, La novia cadáver (Corpse bride. 2005), sin relación directa con el cine de Romero, es indudable la influencia de este en cuanto a la creación de los diseños de personaje.

 

Not without my handbag (Boris Kossmehl, 1993).

Esta es también una etapa de revisiones, algunas dramáticas, como la francesa La resurrección de los muertos (Les Revenants. Robin Campillo, 2004), y otras algo díscolas, como la australiana Undead (íd. Michael Spierig, Peter Spierig, 2003), la británica Zombies party (Shaun of the dead. Edgar Wright, 2004) o la canadiense Fido (íd. Andrew Currie, 2006). Y es precisamente en esta serie de revisiones que se alcanza el mayor nivel artístico. Estas películas no son solo una excusa para un baño de sangre, su finalidad no es llenar salas de prepúberes y adolescentes, es una vuelta a los orígenes conceptuales del género donde los zombis eran una excusa, sí, una excusa para hablar de los seres humanos y de como conviven a duras penas en la sociedad que han creado.

En la línea de este regreso al espíritu original, no se puede olvidar uno de la serie de terror, producida por la cadena canadiense Showtime, Masters of horror (íd. Mick Garris, 2005). Hay varios capítulos en los que aparecen zombis o bien muertos vivientes del algún tipo, pero sobre todos los demás hay que destacar El regreso: El ejército de los muertos (Homecoming. Joe Dante, 2005), que constituye una pieza única en el panorama fílmico actual, al mezclar con brillantez crítica social, drama y fantasía.

Curiosamente, en un afán inusitado por llevar la contraria, George A. Romero estrena en esta etapa la cuarta entrega de su saga, La tierra de los muertos vivientes (Land of the dead. George A. Romero, 2005), en la que la crítica social y la psicología humana pasan a un segundo plano en favor de una serie de muecas fingidas que pretenden dar a la producción un falso aire de serie B. Le pese a quien le pese, nos encontramos ya ante un producto comercial puro –casi a la altura de los productos que siguen vomitando incansablemente las factorías de cine rápido, como el regreso (sic) de la saga de Return of the Living Dead: Necropolis (Ellory Elkayem, 2005) y Return of the Living Dead: Rave to the Grave (Ellory Elkayem, 2005), los muchos títulos para el mercado directo a vídeo, Children of the Living Dead (Tor Ramsey, 2001), Zombie Night (David J. Francis, 2003), Song of the Dead (Chip Gubera, 2005), etc.

La tierra de los muertos vivientes, teniendo en cuenta la repercusión a nivel mundial que tuvo su estreno y la recaudación[18] de 46 millones de dólares –ya solo en concepto de su proyección en salas–, no hubiera sido posible como tal sin la entrada de los zombis en el verdadero cine comercial, el mainstream.

 

VI. Evolución: muertos vivientes mainstream.

En esta primera década del siglo XXI, los muertos vivientes están al cabo de la calle. De hecho literalmente, puesto que desde que en Ontario, Canadá, se celebrase en 2003 la primera Marcha Zombi[19], otros muchos países se han sumado a promover cabalgatas similares, gente disfrazada de cadáveres putrefactos que desfila gimiente por el centro de las ciudades. En la actualidad los zombis están por todas partes: TV, publicidad, literatura, cómics, juguetes, etc. En la última novela de Stephen King, “Cell”, la gente se convierte en zombis debido a un pulso transmitido por sus teléfonos móviles; Robert Kirkman[20] triunfó primero en Image Comics con la serie “Walking dead”, que sigue las desventuras de un grupo de supervivientes a un holocausto zombi, y actualmente está trabajando con la editorial Marvel Comics en una línea argumental, crossover entre varias de sus series, llamada “Marvel Zombies”, que propone una historia alternativa en la que algunos famosos superhéroes son zombis o se ven mezclados en un holocausto zombi; incluso hay quien cuenta que ha visto terroríficas películas pornográficas de zombis en las que la necrofilia[21] toma un sentido completamente nuevo. Pero el fenómeno que verdaderamente ha catapultado a los zombis a las más altas cotas de popularidad –y por tanto a las recaudaciones más altas– es el videojuego.

Hasta la fecha se han diseñado multitud de videojuegos en los que los zombis son el enemigo, muchos de ellos basados en las principales películas del subgénero: “City of Dead”, la saga basada en Posesión infernal (Evil dead. Sam Raimi, 1981) e incluso un videojuego que complementaba la historia de la cuarta entrega de la saga de Romero, llamado “Land of the Dead: Road to Fiddler·s Green”. Pero ninguno de estos ha tenido tanto éxito como las series “Resident Evil”, de Capcom, y “House of the Dead”, de Sega.

 

Videojuego Resident Evil 2.

Con el estreno de Resident Evil (íd. Paul W.S. Anderson, 2002), basada en la primera parte del videojuego, el cine de zombis alcanza el olimpo de las producciones mainstream. Ya fuese por la cuidada y millonaria producción, por la hábil campaña de publicidad, por la protagonista –Mila Jovovich–, o simplemente por la popularidad del videojuego, solo en el día de su estreno, la película recaudó 17 millones de dólares. Su recaudación[22] final en salas de más de 100 millones de dólares la coloca en un, aunque no lo parezca, honroso puesto sesenta y cuatro de la lista de taquillazos[23] en EEUU de ese mismo año –incapaz de competir con los 876 millones de dólares de Harry Potter y la cámara secreta (Harry Potter and the Chamber of Secrets. Chris Columbus, 2002) pero muy por encima de los 78 millones de Windtalkers (íd. John Woo, 2002)–.

Tristemente, tras un comienzo tan interesante –la película de Anderson se ha convertido en referencia en el subgénero–, las siguientes adaptaciones de videojuegos caerían en una especie de exploitation a nivel mainstream. House of the dead (íd. Uwe Boll, 2003), con un presupuesto razonable –12 millones de dólares–, no llega a cubrir gastos... lo que no debería sorprender puesto que a Uwe Boll se le considera algo así como el Ed Wood de nuestros días. La secuela de Resident evil, llamada Resident Evil: Apocalipsis (Resident Evil: Apocalypse. Alexander Witt, 2004), dejada de la mano del resultón Paul W.S. Anderson, constituye una pieza de ingeniería industrial carente por completo de alma... pero recauda[24] casi 30 millones más que su predecesora. La siguiente entrega de la saga, Resident Evil: Extinction, se estrenará en septiembre de este mismo año –y la dirige Russell Mulcahy, responsable de la saga de Los inmortales, perpetrador por tanto de Los inmortales II: el desafío (Highlander II: The Quickening. 1991), y responsable también de Resurrección (Resurrection. 1999), todas ellas películas de Christopher Lambert; el que advierte no es traidor–.

 

House of the dead (íd. Uwe Boll, 2003).

En cualquier caso, aunque la fama que han traído los videojuegos al subgénero no es desdeñable, otros proyectos se estaban ya gestando por las mismas fechas y que también apostarían por un nuevo cine de zombis mainstream. Es el caso de 28 días después (28 Days Later... Danny Boyle, 2002), una producción británica de bajo presupuesto[25] –apenas 8 millones de dólares– que llegó a recaudar más de 80 millones. Aunque esta película permanece fiel al espíritu del subgénero, consigue por medio de ciertos giros argumentales maquillarlo suficientemente como para que muchos llegasen a pensar que nos encontrábamos ante un nuevo cine de zombis, cuando en realidad se trata una vez más del cine de zombis de siempre, remozado y hábilmente redirigido al público actual. El ejemplo más notable de esta tendencia es el del remake de Zombie (Dawn of the dead. George A. Romero, 1978), que por fin pudo llamarse en España Amanecer de los muertos (Dawn of the Dead. Zack Snyder, 2004). Se trata de una versión que sin renunciar del todo a los temas explorados por la película original, consigue conciliar perfectamente acción y drama, constituyendo un producto comercial de gran calidad.

Pero claro, la secuela de 28 días después pertenece de nuevo al terreno del cine de consumo rápido, 28 semanas después (28 Weeks Later. Juan Carlos Fresnadillo, 2007) –el español Fresnadillo era en su propio país un pez gordo en un estanque pequeño, pero en el mercado internacional no da la talla–. No parece que la tendencia, en cuanto a cine comercial se refiere, vaya a cambiar en un futuro cercano. Con suerte, descubriremos de vez en cuando pequeñas salidas de tono que despunten de la vulgaridad del mainstream y el exploit, que inmediatamente serán seriadas y producidas en cadena hasta ser agotadas... y eso con suerte.

 

Corre, Robert, corre... 28 semanas después (28 Weeks Later. Juan Carlos Fresnadillo, 2007).

 

VII. Futuro[26]: Apocalipsis zombi.

A modo de conclusión, habría que señalar que el cine de zombis ha llegado ya a la madurez –los zombis romerianos cumplen el año que viene 40 años–. Los proyectos que actualmente están surgiendo poseen una templanza que los primeros, en aquella época de los experimentos y del “todo vale”, no podían asumir. Asentados ya en la cultura popular, solo faltan que lleguen a un punto, a una fase de ancianidad, en la que espero que no todo quede en las batallitas del pasado, sino en una serie de cineastas abandonando el complejo de inferioridad de los directores del fantástico y haciendo películas que finalmente sean dignas de colocarse en las filmotecas de todo el mundo al nivel de los clásicos.

 

 

 


NOTAS

[1] (volver) Ver artículo en la Wikipedia española sobre Zora Neale Hurston. Muchas de sus investigaciones sobre los ritos vudú quedaron recogidas en su libro:

  • Hurston, Zora Neale (1997). Sus ojos miraban a Dios. Barcelona: Círculo de Lectores, S.A. Ver ediciones disponibles del libro en la Base de Datos Nacional del la Agencia del ISBN.

[2] (volver) La tetradotoxina (TTX) es un veneno natural de los más letales desarrollado por algunas criaturas marinas, como por ejemplo el pez Fugu.

[3] (volver) El libro “The Serpent and the Rainbow”, de 1985, fue publicado en España con el nombre de:

  • Davis, Wade (1987). El enigma zombi. Madrid: Mr Ediciones. Ver ediciones disponibles del libro en la Base de Datos Nacional del la Agencia del ISBN.

[4] (volver) Ver artículo en la Wikipedia española sobre “La Epopeya de Gilgamesh”:

  • Sanmartín Ascaso, Joaquín (2005). Epopeya de Gilgames, rey de Uruk. Madrid: Editorial Trotta, S.A. Ver ediciones disponibles del libro en la Base de Datos Nacional del la Agencia del ISBN.

[5] (volver) Referencia obligada son:

  • Goethe, Johann Wolfgang von (2007). Las penas del joven Werther. Madrid: Espasa-Calpe. Ver ediciones disponibles del libro en la Base de Datos Nacional del la Agencia del ISBN.
  • Cadalso, José (2005). Cartas marruecas; Noches lúgubres. Dueñas: Simancas Ediciones. Ver ediciones disponibles del libro en la Base de Datos Nacional del la Agencia del ISBN. Ver artículo en la Wikipedia española sobre “Noches lúgubres”.
  • Becquer, Gustavo Adolfo (2004). El monte de las ánimas: leyendas breves. Madrid: Editorial Globo. Ver ediciones disponibles del libro en la Base de Datos Nacional del la Agencia del ISBN.

[6] (volver) En la siguiente entrevista a George Romero de Stephen Applebaum para la BBC, con motivo del estreno de La tierra de los muertos (Land of the dead. 2005), explica que La noche de los muertos vivientes fue concebida inicialmente como versión de la novela de Richard Matheson “Soy leyenda”:

“Bien... siempre cuento que robé la idea de la novela de Richard Matheson Soy Leyenda. Eran vampiros así que, para tapar mi robo, los transformé en devoradores de carne humana. Su historia trataba del último hombre sobre la faz de la Tierra –los vampiros habían tomado ya el planeta entero– y yo quería comenzar desde el principio [de la infestación], porque me parecía que sería más interesante observar como había ocurrido, y pensé que sería una mejor metáfora. [...]”
George A. Romero

  • Matheson, Richard (2006). Soy leyenda. Barcelona: Ediciones Minotauro. Ver ediciones disponibles del libro en la Base de Datos Nacional del la Agencia del ISBN.

[7] (volver) En el documental Tales from the Crypt: From Comic Books to Television (Chip Selby, 2004) George Romero reconoce la gran influencia que supuso para él esta serie de cómics de terror de los años 50 –influencia que al igual que aceptan otros cineastas como John Carpenter o Joel Silver–. Ver artículo en la Wikipedia inglesa sobre esta serie de cómics de la editorial EC Comics.

[8] (volver) Estos seres, que una vez fueron humanos, son ahora carroñeros, más parecidos a ratas antropomorfas, y viven en túneles bajo los cementerios. El primer relato de Lovecraft en que aparecen ghouls es “El modelo Pickman” que se encuentra en la colección de relatos “Wierd tales”, publicada en España bajo el nombre de:

  • Lovecraft, H. P. (2005). Los mitos de Cthulhu. Madrid: Alianza Editorial, S.A. Ver ediciones disponibles del libro en la Base de Datos Nacional del la Agencia del ISBN.

[9] (volver) Ver artículo en la Wikipedia inglesa sobre el término survival horror.

[10] (volver) El crítico estadounidense Rogert Ebert advirtió en su crítica que no era una película adecuada para niños o adolescentes:

“Sentí verdadero terror en aquel cine de barrio el pasado sábado tarde. Allí vi chavales que no tenían recursos a los que agarrarse para protegerse del espanto y terror que sentían”
Roger Ebert, 5 de enero de 1967.
 

[11] (volver) Extraído de la documentación que aporta la Wikipedia inglesa sobre La noche de los muertos vivientes. Ver nota al pie en el artículo de la Wikipedia inglesa. Ver resumen en la IMDb sobre el presupuesto de la película y su recaudación.

[12] (volver) En esta etapa se estrena también una película basada en los cómics que tanto inspiraron a Romero para las película original: Tales from the Crypt (Freddie Francis, 1972).

[13] (volver) Ver lista de los mejores videos musicales dance de la cadena MTV. Ver artículo del Guardian a cuento de una de las listas de los mejores videos musicales confeccionada por la crítica especializada.

[14] (volver) Ver texto completo del relato en la Wikipedia española.

[15] (volver) Ver fandom dedicado a una de las películas más emblemáticas de amando de Ossorio, La noche de los brujos (1973), y su biografía.

[16] (volver) Ver entrevista en El Mundo a Jess Franco. Ver entrevista en Kane3. Ver video promocional en YouTube del documental sobre su carrera como director.

[17] (volver) Ver página oficial del cortometraje Home delivery: Servicio a domicilio.

[18] (volver) Ver artículo de Box Office Mojo sobre la recaudación de La tierra de los muertos vivientes.

[19] (volver) En España se celebró por vez primera el 3 de febrero de este mismo año, coincidiendo con la onomástica de George A. Romero (cumplía 67 años). Tal evento se ha dado en llamar  Día del Orgullo Zombie. Ver artículo correspondiente a este evento en ZombiBloggia. Ver artículo en la Wikipedia inglesa sobre Marcha Zombie –Zombie Walk–.

[20] (volver) Ver artículo en la Wikipedia inglesa sobre la serie de cómics “Walking Dead”. Ver la lista de proyectos de Marvel Comics, al respecto de la línea Marvel Zombies, en su página Marvel Universe. Ver artículo en español en el blog Universo Marvel sobre “Marvel Zombies”.

[21] (volver) Ver web en inglés de la película Re-Penetrator.

[22] (volver) Ver recaudación de Resident Evil en Box Office Mojo.

[23] (volver) Ver lista de taquillazos de 2002 en Box Office Mojo.

[24] (volver) Ver recaudación de Resident Evil: Apocalipsis en Box Office Mojo.

[25] (volver) Ver recaudación de 28 días después en Box Office Mojo.

[26] (volver) Ver artículo también del creador de ZombiBlogia, Fernando Valdés, que aconseja lo que uno no debe perderse de los próximos proyectos de zombis que están por estrenarse.

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