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“Un tipo serio”, de Joel y Ethan Coen |
Un tipo serio hace honor a su título: es una de las películas más circunspectas de Joel y Ethan Coen. Se ve aquejada, especialmente durante su segunda mitad, por ciertas disonancias tonales; y subyacen en ella tanto la habitual crueldad de sus firmantes para con sus criaturas de ficción, como su mofa de cualquier intento humano por controlar el devenir. Pero estamos, por fortuna, lejos del paternalismo caricaturesco y (auto)complaciente que ha caracterizado gran parte de su producción desde Fargo (1996).
De hecho, Un tipo serio está ambientada en una pequeña población del Medio Oeste norteamericano hacia 1967 y, más concretamente, en su entorno universitario y la comunidad judía local; nos hallamos pues, en apariencia, ante una película costumbrista y de connotaciones autobiográficas. Algo novedoso en la filmografía de los Coen, con lo que ello acarrea en términos de moderación por lo que toca a los incidentes relatados y su puesta en escena. No hay lugar para caracteres bigger than life, exhibicionistas resonancias fílmicas y literarias, diestras set pieces ni explosiones extremas de violencia. Si algo singulariza al protagonista del film, Larry Gopnick (Michael Stuhlbarg, notable descubrimiento), es su apego por lo cotidiano, su escaso interés por ir más allá de lo que han dictado sus circunstancias; una tentación fatídica para muchos personajes de los Coen.
Sin embargo, como señala un proverbio yidis, “nuestro peor enemigo es una felicidad demasiado prolongada”. Larry se cree un buen marido y padre de familia. Confía en el poder apaciguador de los ritos religiosos y en una rectitud moral que manifiesta su amor por las ciencias puras. Pero la música del azar inicia contra él un proceso de acoso y derribo implacable, contra el que todo tipo de revuelta o negociación será inútil. Sin que quede claro que Larry aprenda a regirse finalmente, como sí parece lo hará su hijo Danny (Aaron Wolff), por el único principio capaz de procurarnos algo de paz: el de indeterminación, menos aplicable a los hechos determinantes de nuestras vidas que a la mirada con que los afrontamos.
No es, desde luego, fortuito que Larry sea profesor de física, ni que en Un tipo serio se cite expresamente —como ya ocurría en El hombre que nunca estuvo allí (2001)— el principio de incertidumbre a nivel cuántico que formulase Werner Heisenberg en 1927. Gracias al físico alemán, los axiomas clásicos en torno a la inmutabilidad de los postulados científicos sobre la naturaleza se vieron enturbiados por factores como la probabilística y la imprecisión. Tampoco es gratuita la referencia a Schrödinger y su experimento imaginario con un gato. Los postulados de Heisenberg y Schrödinger conforman los cimientos argumentales y formales de la película.
Así, cuando Larry le aclara con displicencia a uno de sus alumnos que le ha suspendido por no saber ligar las “anécdotas” del mundo de la física que cuenta en sus clases con sus raíces matemáticas, está demostrando ser él mismo quien no ha entendido que los preceptos rigurosos son válidos para magnitudes macroscópicas; pero que, a nivel cuántico (el de las partículas subatómicas como él), lo impredecible y lo insignificante constituyen algo más que notas al pie; pasan a tener la efectividad de la que carecen los grandes enunciados. Del mismo modo que la letra de una canción es más elocuente para aprehender el mundo que la Torá o la Ciencia, y que percibir el encanto de un vulgar aparcamiento garantiza la felicidad que han negado traicioneramente los ideales abstrusos.
Más importante, la película estructura las situaciones que se le plantean al protagonista atendiendo a la dualidad (cuando no multiplicidad) de los puntos de vista con que podría afrontarlas. En este sentido, el cuento inicial resulta esencial para comprender lo que sigue: las puertas abiertas a lo equívoco, los diálogos ambiguos, los conflictos imprecisos, los personajes de espaldas, perfilan una narración que no solo se niega a concretarnos satisfactoriamente nada, sino que apuesta por abrir y cerrar las desventuras de Larry con dos imágenes significativamente antagónicas: una pizarra gigantesca plagada de fórmulas que aspiran a imponer un orden, y un tornado que amenaza con no dejar piedra sobre piedra.
Por eso hemos escrito que Un tipo serio es una película costumbrista solo en su superficie. En el fondo, se trata de una fábula (registro que augura su prólogo) de hondas implicaciones existenciales, concebida con una minuciosidad como hacía mucho no percibíamos en los Coen; una suerte de ordalía introspectiva travestida de retrato de época, que guarda sintomáticas similitudes con otra de las obras más reservadas de sus autores: Barton Fink (1991). Desde el travelling interior por un oído, a las gafas, el peinado y la interpretación medrosa de Michael Stuhlbarg, pasando por la soberbia castigada del físico, la presencia de dos inquietantes proyecciones alternativas de Larry (a las que dan vida Richard Kind y Fred Relamed), los sentimientos de humillación y amenaza a la masculinidad, o la alegórica promesa de fuga que encarna una quimérica vecina, no son pocos los puntos en común entre ambas cintas. Y dado que uno tiene a Barton Fink, todavía hoy, por la mejor película de los Coen, y que surgió de cierto estancamiento creativo, no puede sino considerar Un tipo serio, guión original también riguroso y precedido por títulos acomodaticios y adaptaciones varias, uno de sus trabajos más afortunados.
Por otra parte, en virtud de su parsimonia y madurez, en varios momentos Un tipo serio es susceptible de ser equiparada a cierta literatura judía norteamericana; a la obra de novelistas como Bernard Malamud o Saul Bellow, para quienes la condición judía nunca fue una limitación artística sino, en palabras de Leo Strauss, “la más sencilla y profunda ilustración de la condición humana”. Hay en Un tipo serio un equilibrio entre el respeto por ciertas tradiciones sociales y religiosas en lo que tienen de epifánico, y una desafiliación intelectual evidente, que redunda en el desgarrado humanismo de los Coen. Un humanismo no de vieja escuela, sino adscribible a ese desconcierto contemporáneo del que tan buena cuenta están dando en su obra Ethan y Joel.
FICHA TÉCNICA: Título original: A serious man. Nacionalidad: Estados Unidos-Gran Bretaña. Año de producción: 2009. Duración: 105 minutos. Guión y dirección: Joel Coen y Ethan Coen. Producción: Joel Coen, Ethan Coen, Tim Bevan, Eric Fellner y Robert Graf (Focus Features, StudioCanal, Relativity Media y Working Title). Montaje: Roderick Jaynes [Joel Coen y Ethan Coen]. Fotografía: Roger Deakins (c). Música original: Carter Burwell. Diseño de producción: Jess Gonchor. Diseño de vestuario: Mary Zophres. Con: Michael Stuhlbarg (Larry Gopnik), Richard Kind (Arthur), Fred Melamed (Sy Ableman), Sari Lennick (Judith), Adam Arkin (abogado), George Wyner (Rabbi Nachtner), Peter Breitmayer (Sr. Brandt). Distribución: Universal.
SINOPSIS: Larry Gopnik es un hombre honrado. Ama a su mujer venciendo la tentación de la infidelidad, se entrega a sus hijos y se esfuerza en sus labores como profesor. Pero, un día, todo se derrumba.
FECHA DE ESTRENO EN ESPAÑA: 8 de enero de 2010.







Tiene muy buena pinta. Me fío de tu crítica ;D
No sabría decir qué película es la que más me ha gustado de los Coen, contando esta misma me faltan cuatro de toda su filmografía. Barton Fink me gustó bastante pero parece que no tanto como a ti, me pareció por momentos demasiado caricaturesca y por eso no conseguí entrar del todo en lo más interesante para mí de esta película, el clima de terror. El gran Lewoski me sorprendió mucho cuando la vi en el cine pero mis gustos han cambiado, quizás debería colver a ver, aunque en el caso de esta los excesos me parecen más justificados que en otros títulos por la condición de colgado del personaje principal. Si tuviera que quedarme con un título creo que tendría que elegir Sangre fácil, que me parece tiene la ominosidad que amenaza a los personajes de los Coen en todos sus títulos sin el artificio que a veces han llevado tan al extremo.
Muchas gracias por esta crítica tan interesante, desde que la vi me preguntaba por el sentido del prólogo y no había caido en esto que comentas sobre su condición de fábula, y otras muchas cosas…
Me ha gustado muchísimo la película, la solidez de la propuesta y ese tipo llamado Larry Gopnik. Excepcional guión para tejer el personal retrato de esta familia judía y concretar el dibujo descarnado de la figura “patriarcal” que ya desde el principio, vemos que poco o nada tiene que decir dentro de una “estructura” familiar en la que cada miembro camina en su particular dirección… y esto es algo característico en los Coen, sus personajes suelen tender al individualismo y aislamiento, y especialmente masculinos. Aquí, madre y hermana no anotan demasiado interés mientras que el hijo, un alumno, un vecino y su retoño, o los “alternativos” que nombras despuntan mucho más e interfieren en el devenir de la situación… (no creo que tenga que ver, pero es considerable la diferencia hombre-mujer en el judaismo y su doctrina siendo el hombre quien desempeña un papel bastante más activo)
Sí es verdad que hay muchos detalles en el film que ejemplifican esos principios matemáticos ¿? de incertidumbre, indeterminación y/o arbitrariedad… y aunque su explicación lógica me resulte algo compleja sí me doy cuenta que estos mecanismos interfieren en Larry, quien inicialmente se nos presenta como alguien racional, muy seguro e incuestionable en sus averiguaciones exactas al planteamiento de unos cuantos problemas “vitales” para luego (en realidad) no hallar ninguna solución a la gigantesca ecuación que va sumando operaciones (física y metafóricamente) según avanza el metraje. Y es que no es posible localizar la posición de una subpartícula mientras no estemos dispuestos a aceptar la “incertidumbre absoluta” respecto a la posición exacta de la misma… Larry camina en esa duda, vacilación e inseguridad cada vez más (lo vemos también en la progresión de su intento, a la desesperada, de que le reciba el tercer rabino) y no halla resultado o conclusión alguna (y no digamos ya con ese final, maravilloso por cierto)
Y el hecho de presentar esta historia dentro de una comunidad judía (no dudo que con muchos aspectos autobiográficos) muy arraigada y donde son bastante protagonistas signos y símbolos determinados, cuentos yidish, citas de libros sagrados y celebración de rituales me ha resultado muy didáctico.
Concluyo, una joya a descubrir…
Ah! y las narraciones visuales paralelas como los sueños divertidísimos en los que cae Larry, o el ansia por conocer el desenlace a la anéctoda del gentil y su dentadura, o el humo de la hierba que le “enturbia” aún más me hacen conectar de una manera muy especial con el personaje y con el actor. Ojalá Michael Stuhlbarg para rato!
Y Jefferson Airplane!
Tu crítica es fantástica, consigues atrapar las claves de una película huidiza por su propia naturaleza, como bien describes. Su visionado me provocó desazón desde la primera secuencia*, ese narrar y narrar sin que se llegue a ninguna parte, hasta ese abramsianamente “monstruoso” final que nos deja tan indefensos como a sus personajes. Cada vez se nota más que los Coen aciertan en la medida en que no frivolizan y se toman a éstos en serio (¡el título no es ninguna broma!); no es tampoco ninguna casualidad que “No es país para viejos” (para mí una de sus obras más ricas) sea un encargo y no un juguete para pasar el rato hasta que se les ocurran más ideas.
Discrepando casi por deporte, donde sí veo trazo grueso es en la enésima utilización metafórica del principio de incertidumbre y el gato de Schrödinger, que como siempre demuestra ser menos trascendente que la mera derivación de tales principios, los cuales ya supusieron un electroshock a nuestra tradición filosófica y científica. De hecho, es interesante ver cómo los Coen los emplean para cuestionar el sentido de la fe y los rituales, cuando precisamente obligan al pensamiento científico a aproximarse al religioso: ahora la carga de la prueba la tendría la ciencia, como en tiempos de Galileo.
* desasosiego en parte debido a un psicópata que al comienzo de la sesión invadió el espacio vital de dos espectadores que llegaron con retraso, haciéndoles pagar su mala educación encaramándose a sus butacas en plan Apocalypto y soltando improperios, audibles por encima de la pista de sonido que nos llegaba al resto de la sala (no sea que alguno más tuviéramos ganas de marcha). No sé, lo mismo era crítico de cine.
No será por falta de ganas, campeón, pero de momento relego la lectura atenta de tu texto al visionado de la película, que lo menos que se merecen los Coen es llegar a su (pen)última obra lo más puro y virginal posible.
A ver si les hago un hueco en mi apretada agenda, y a Herzog, y a Ritchie… ¡maldito trabajo! ¡¡Ya lo creo que nos hará libres, de nueronas!!…
Diego, he disfrutado un montón tu crítica. Excelentemente escrita y reveladora. La lupa que has puesto en la pizarra y el caos es magnífica.
Ya tengo ganas de verla.
Me ha gustado mucho tu crítica (sobre todo la segunda vez que la he leído, después de ver la película). Me ha resultado especialmente revelador lo que dices sobre que el protagonista no entiende la relación entre las parábolas y la vida real, te confieso que no lo había pensado.
La película me ha encantado (¡menuda racha llevo de ver pelis cojonudas!). Creo que describe de forma muy elegante, con esa negra ironía que me es tan querida, una serie de hechos catastróficos de la condición humana. Tiene además el final que más me ha gustado en muchísimo tiempo.
Pues me uno, nobleza obliga, a la merecida cascada de reconocimientos que se merece tanto tu soberbia crítica, llena de aspectos a retener, como la excelente película de los Coen. Menos redonda en su conjunto que algún título anterior (”No es país para viejos”), pero cargada de momentos destacables a nivel de puesta en escena.
Nunca dejará de sorprenderme la confianza que manifiestan los hermanitos ante la resolución visual y técnica de sus obras. Son tantos los planos, escenas y secuencias a retener que no supone ningún esfuerzo, más bien un placer, olvidarse de alguna que otra inconsistencia argumental y temática. Cada vez más formalistas, tal vez sea uno de sus filmes más logrados visualmente. ¡Y qué B.S.O.! ¡¡Y que dirección de fotografía!!
Diego, he leído nuevamente tu crítica, luego de haber visto la película, y me ha encantado volver a hacerlo. Me detuve en las acertadas citas que nos dejas en el link, y han sido muy reveladoras también.
La película es de las mejores que he visto este año.