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“El erizo”, de Mona Achache

“No sé a qué tanta sorpresa”, me preguntaba a mí mismo en el vestíbulo del cine tras la proyección. Parado frente al cartel de la película no podía dejar de lamentarme por no haber prestado más atención. Porque para empezar el único personaje que aparece en este cartel es una niña con gafas y de fondo la Tour Eiffel. ¿Se dan cuenta? Es como cuando uno está buscando piso en el centro y el anuncio dice “Luminoso y de moderna distribución”, léase “luminoso para ser un interior, una única estancia que incluye la cocina y un baño minúsculo sin ventilación”. No hacía falta un cabalista medieval para deducir que la niña del cartel era la protagonista —una niña con gafas, insisto—. Al ser una película francesa tenía que haber pensado que los personajes se expresarían mediante un incesante parloteo, no con esas conversaciones aparentemente desconectadas del discurso en plan Cassavetes que al final van dejando un poso que se va hilando, esta es una francesa de las de ahora, tenía que haber caído en la cuenta de que los personajes serían meros voceros del pensamiento de la autora. Porque de una película en cuyo cartel el título aparece casi más pequeño que el de la novela en la que está basada no se puede esperar una adaptación, solo cabe esperar una traslación demasiado literaria, con voces en off que sustituyan a la corriente de pensamiento tan habitual de las novelas, voces en off que no dejen lo más mínimo a la imaginación, que expliciten punto por punto el parecer de la autora… y además la niña tiene gafas, unas gafas que no están ahí por casualidad —Pollyanna, Annie, Madeline, ninguna llevaba gafas ¿verdad?—: con poco que hubiese cavilado me hubiese dado cuenta de que la protagonista tenía todas las papeletas para ser una sabelotodo insoportable, no una niña inteligente, sino un adulto vestido grotescamente con ropas de niña que recita como si repitiese una lección.

El erizo es en un aspecto insospechado como una película de los Monty Python, de aquellas en las que el mismo actor interpretaba tanto a la madre del falso Mesías como a un funcionario técnico en crucifixiones: la autora lo mismo aparece como niña sabionda que como sensei a lo señor Miyagi o como portera insospechadamente culta, en cada caso disfrazada apenas con un peto monísimo, con una peluca cana o con un saco de patatas por vestido. La autora no consigue disimular su condición de burguesa con sentimiento de culpabilidad —la barba que Terry Jones usaba para hacerse pasar por hombre en los lapidamientos resultaba más efectiva como disfraz—.

Y es que resulta que la niña de la que les hablaba antes, la protagonista, pertenece a una familia adinerada que vive en un edificio de gente tan inmoralmente adinerada como ella. Y el quid de la historia es el descubrimiento por parte de la niña de que la portera del edificio, una mujer de aparente zafiedad, es en realidad una mujer culta y sensible. Pues bien, me da la impresión de que este hecho es una sorpresa no solo para la protagonista sino también para la autora: “Una portera cultivada ¡qué idea tan divertida!”, me imagino que pensó.

Autora, autora… pero ¿a qué autora me refiero? Ciertamente he combinado a la persona que firma el libro, Muriel Barbery, y a la guionista y directora de la película, Mona Achache, en una entidad mística a la que llamo “autora” —quizás para mayor insidia debiera comenzar el término con mayúscula o utilizar la palabra francesa para evocar concomitancias con aquella política de Bazin o Truffaut—. Porque lo indudable es que hay una autora fantasma, que es Barbery, que es Achache y que no es ninguna de las dos, una autora que quizás he creado en mi mente para justificar mis proyecciones sobre la obra pero que para mí es más real que esas otras dos personas, la escritora y la cineasta. No sé si Achache ha traicionado Barbery o quizás es que no ha sabido oponerse suficientemente, pero el caso es que da la impresión de que hay una autora que quiere congraciarse con la sencillez por medio de un complicado artefacto, una autora que rechaza las imposturas de la burguesía sin abandonarlas, que quiere darnos lecciones de la vida pero que procura contrariarnos solo un momento, solo al final, consolándonos con un bien mayor, con una lección, para que en definitiva quede un buen sabor de boca. Seguro que Barbery o Achache me dirían que no existe tal autora, y sin embargo no puedo dejar de lado lo plausible que resulta su existencia.

Y si esta es la autora —indudablemente lo es para mí— no tengo mucho más que decir. Ni me aburrí mortalmente, ni me dejé convencer. Eché alguna que otra risa. Salí de la sala preguntándome si habría merecido la pena trasnochar y al día siguiente pasar sueño en el trabajo para ver la enésima reflexión de un mundo paralelo, incapaz de tocarse con el mío.

En fin, como decía, el cartel no engaña: tenía que haber prestado más atención.

Le hérisson Francia. 2009. 100 min. Dirección y guión: Mona Achache. Música: Gabriel Yared. Fotografía: Patrick Blossier. Con: Josiane Balasko, Garance Le Guillermic, Togo Igawa, Anne Brochet, Ariane Ascaride.



8 Comentarios en ““El erizo”, de Mona Achache”

1. Samantha Keyela - Diciembre 14, 2009

No sé si veré la película, porque Mme Balasko no es precisamente santo de mi devoción, pero te aseguro Ros que tu divertidísima y certera crónica -de un mal crónico y no sólo de una película- me ha parecido estupenda.En especial las reflexiones sobre “la autora” y la comparación entre esa peli y una de los MPython.

2. Rosendo Chas - Diciembre 14, 2009

Muy agradecido, Sam. Me alegra que nos riamos de las mismas desgracias ;D

3. Diego Salgado - Diciembre 15, 2009

Esto huele a invitación a preestreno… Por lo menos habría salido gratis la cosa, que está teniendo críticas devastadoras.

4. Rosendo Chas - Diciembre 15, 2009

Sí, eso fue. El caso es que no sé si bendecir a la cadena Renoir por sus preestrenos o cagarme en sus muertos. Eso me pasa por ir a ver películas diseñadas para los bien pensantes :(

5. actualidad.CosasDeCine.COM » La cadena Renoir, pionera en accesibilidad audiovisual en España - Diciembre 16, 2009

[...] primera película adaptada a este sistema es El erizo, ya en cartel, y el 29 de enero le tocará el turno a Chéri (Stephen Frears, [...]

6. Álvaro Peña - Diciembre 16, 2009

Qué crítica tan elegante, Ros, mucho mejor que la concatenación de exabruptos que a algunos nos habría (nos ha) salido.

Diego, como sabes en realidad no hay nada gratis, aunque Emma Thompson no opine lo mismo :roll:

7. Claudia - Diciembre 18, 2009

Ah, que´crítica tan divertida, me ha encantado, y tienes razón con las pistas que empiezan desde la composición del cartel. La verdad es que vi el trailer, y pufff, me enteré de qué iba!
por cierto aguda observación acerca de la idea de “la portera cultivada”…aunque te digo, las misma características que dices de una “tópica peli francesa” me encaja perfectamente en una peli tópica argentina

8. Rosendo Chas - Diciembre 20, 2009

Ah, pues gracias majos.

Y por cierto que no había pensado lo del cine argentino pero quizás tengas razón, Claudia. A mí siempre me ha gustado mucho aunque bien es verdad que para mí el cine argentino han sido siempre dos o tres películas que lo mismo ni representban de lejos a esa cinematografía. Está claro que siempre generalizamos por razones egoístas ;)

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