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La Cultura en peligro: avance de la recaudación del cine español en 2009 |
No es nuestra intención esquivar con farragosos preámbulos la realidad de las cifras, así que facilitémoslas sin dilación: según el Instituto de Cinematografía y Artes Audiovisuales del Ministerio de Cultura del Gobierno de España, el número de espectadores de estrenos nacionales desde el 1 de enero hasta el 14 de junio de 2009 asciende a 4.876.730, lo que supone una significativa bajada de un 32% respecto al mismo periodo del año anterior, en que la cifra se situó en 7.181.266 espectadores (comparativa por Servimedia).
Sin embargo, aunque más de un agorero pondrá el grito en el cielo al leer este dato aislado, conviene relativizar su importancia atendiendo a los resultados cosechados por el cine extranjero. Las mastodónticas campañas de publicidad de la industria norteamericana no han conseguido salvar el balance en este sector, que se desploma hasta alcanzar tan solo 42′5 millones de espectadores, frente a los 48′8 millones de los seis primeros meses de 2008. Partiendo de estas cifras, no es difícil concluir que la crisis ha contribuido a menguar la afluencia de espectadores a las salas y, por consiguiente, poco más puede hacerse por ahora que alabar los esfuerzos de los maltratados cineastas patrios por capear el temporal hasta que escampe. En principio, la dependencia absoluta de nuestra economía del statu quo financiero al otro lado del charco no aconseja precipitarse en adoptar un cambio de modelo, que bien podría conducirnos a una catastrófica mímesis del sistema que obliga a cineastas como David Fincher o los hermanos Coen a recaer una y otra vez en insulsos clichés comerciales.
Pero el estudio arroja también un dato en sí preocupante, y es el hecho de que la cuota de recaudación del cine español respecto al de otras nacionalidades haya descendido al 9′9%, en contraste con el más que digno (dada su desventaja intrínseca) 13′8% de 2008. A nadie que siga de cerca la actualidad cinematográfica se le escapan las causas de fondo detrás de esta mala estadística. Enumerando algunas de las más significativas, desde CosasDeCine.COM pretendemos dar una visión general del panorama que se nos presentas, así como aportar nuestro granito de arena proponiendo soluciones viables, en nuestra opinión dignas de estudio por parte de quienes reúnen las competencias para llevarlas a cabo. Así pues, los puntos de nuestro diagnóstico son los siguientes:
PROBLEMA: Prevalencia de la mercadotecnia ultraliberal frente al interés cultural.
Ya lo decía el director Felipe Vega desde su posición de observador imparcial en su artículo “‘Supergafi’ y las ’subprimes’” (Cahiers-España, nº20, febrero de 2008), refiriéndose al marketing: “[...] nos encontramos ante un sutil, hábil y férreo sistema de control y censura previa, que ha venido transformando y condicionando el fondo y la forma del cine producido en el mundo occidental desde hace, al menos, veinte años.” Hace bien el director en matizar “al menos”, ya que solo se puede explicar por los tempranos estragos del neocapitalismo el récord de recaudación que ostentaron en su momento superproducciones como Sansón y Dalila (1949) o Agente 007 contra Dr. No (1962). Por otra parte, la violencia inherente al sistema no deja más salida a los distribuidores que adquirir los derechos de películas como Transformers 2 en lotes junto con otras películas que terminan por copar las salas, en lugar de realizar una apuesta firme por el cine nacional de la que todos, en mayor o menor medida, nos beneficiaríamos.
SOLUCIÓN: Equilibrar los desajustes del sistema en los tramos de producción y distribución mediante la participación de todos los agentes implicados.
Si la relación del número de estrenos españoles respecto a los estadounidenses es de 2 a 3, no es lógico que la recaudación bruta de los últimos sea más de siete veces superior. Debe implementarse un modelo cultural en el que todas las partes implicadas se comprometan activamente. Ello conllevaría un aumento de las partidas destinadas a la producción por parte del Ministerio de Cultura, particularmente necesario en unos tiempos de crisis en que las productoras y cineastas no encuentran fácilmente financiación. Sin embargo, no toda la carga debe ser soportada por el erario público: las televisiones y sus grupos medíaticos, así como el resto de empresas que retienen su pedazo de tarta del mercado audiovisual, tienen una responsabilidad ineludible ante los consumidores, por lo que debe incrementarse su actual participación en películas de interés cultural a cambio de sus derechos de emisión (hablamos de una cifra inferior, en cualquier caso, al coste de los comprados para retransmitir partidos de fútbol). Deben también aumentarse las restricciones a la cuasi monopolización de salas por parte de estrenos hollywoodenses, de manera que la proporción respecto a las dedicadas a la exhibición de cine español sea similar a la descrita al principio de este párrafo (bajo ninguna circunstancia superior a un 50%). En pocas palabras, hasta que no se equipare la última entrega de Harry Potter en número de salas y tiempo de exhibición a la ambiciosa coproducción hispano-europea Imago mortis, no progresaremos adecuadamente.
PROBLEMA: Integridad de los creadores españoles.
Admitámoslo: las condiciones de producción en nuestro país han favorecido el acceso de las élites culturales a los medios necesarios para la expresión audiovisual, ocasionando el perjuicio colateral de que su discurso no siempre conecte con los espectadores, cuya demanda se ve afectada bien por condicionantes educativos desfavorables, bien por la permeabilidad de la maquinaria promocional norteamericana. Exigir a nuestros artistas la adecuación a dicho nivel equivaldría a despreciar una distinguida tradición intelectual que se inicia en la Transición, por lo que cabe culpar de cierta dejación a los poderes públicos por su falta de éxito en combatir “la manifiesta agresividad del llamado neocapitalismo” y “su enorme capacidad de coacción ideológica”, rescatando nuevamente las palabras del citado Felipe Vega.
SOLUCIÓN: Refuerzo y diversificación de la autoría.
¿Quién no se estremece al oír los nombres de Daniela Féjerman, Menkes y Albacete, Antonio Hernández, Roberto Santiago, Elio Quiroga o Ángeles González-Sinde, entre otras luminarias que alumbran actualmente el arte cinematográfico en nuestro país? Cualquier innovación que prescindiera de estas figuras constituiría un error fatal. Es obligado apoyar su trayectoria creando un Fondo de Preservación de las Filmografías, destinado a la financiación de los proyectos de aquellos autores veteranos que hayan demostrado cumplir a lo largo de su carrera con los requisitos establecidos por los órganos competentes del Ministerio de Cultura. No obstante, la industria en su conjunto no puede abandonarse el riesgo que personalmente asumen estos creadores, por lo que es necesario promover también el cine de otros colectivos ajenos a toda esta crema de nuestra clase intelectual. Anticipándonos al siguiente punto, defendemos desde ya una dotación económica de cara a los jóvenes artistas, y en particular, a los cineastas de entre catorce y diecisiete años, cuya frescura y rupturismo formal, apreciables en numerosas set pieces filmadas únicamente con la cámara de su móvil, son indudable reclamo de generaciones que por su escaso bagaje aún son reacios a acceder a la obra de autores consagrados como los que hemos citado.
PROBLEMA: Masificación de la piratería.
Aparentemente esta causa entraría en contradicción con la anterior: si es un problema de escasa demanda de espectadores, ¿no será de menor relevancia el porcentaje de estos que la satisfagan pasando por taquilla? Sin embargo, una lectura más profunda de los datos nos previene de esta precipitada conclusión. Ahora es el momento de rebatir ciertos análisis sesgados que, ignorando premeditadamente las circunstancias socioeconómicas que atraviesa nuestro cine, reprochaban su cuenta de resultados al no haber situado ninguna película española entre las diez más vistas del año. Pues bien, el humor inteligente de Fuga de cerebros (Fernando Gómez Molina) la ha aupado nada menos que al noveno puesto, por delante de megahits como Fast & Furious: Aún más rápido o Valkiria. Aunque nunca esté garantizado, el éxito de un filme de estas características no debería sorprendernos, habida cuenta de que está dirigido a un colectivo joven, dotado de unas inquietudes intelectuales que generaciones posteriores no han tenido la suerte de conocer a raíz de su deficiente educación conservadora. Por desgracia, las franjas de edad comprendidas entre los dieciséis y los treinta años suelen ser precisamente las más proclives a acabar como víctimas de actos delictivos de piratería, debido al menor poder adquisitivo al que les condena nuestra economía de libre mercado. Fuga de cerebros, líder de taquilla indiscutible en la fecha de su estreno, es una excepción gracias al indiscutible carisma y veteranía de estrellas como Mario Casas o Amaia Salamanca, pero en general la piratería evita que los creadores y su público potencial se encuentren en su espacio natural.
SOLUCIÓN: Veto informado del tráfico ilegal de cultura.
Por impopular que nos parezca esta manera de pensar, la libertad de las comunicaciones no debe servir de coartada para vulnerar los derechos de autor. Para evitar que películas como Solo quiero caminar (2008) sean pasto de consumo masivo sin pasar por caja (luego nos extraña que a Díaz Yanes competidores como Michael Mann le barran en recaudación), no hay más remedio que monitorizar dentro del marco constitucional las actividades encaminadas al tráfico ilegal de cultura por Internet, ya sea por programas P2P, redes de distribución o correo electrónico. Siguiendo la línea iniciada por el gobierno francés, se debe pedir colaboración a los operadores de telecomunicaciones para desenmascarar a los infractores e informarles de su violación de los derechos de propiedad intelectual, con sanciones que abarquen desde la suspensión del servicio a trabajos comunitarios que contribuyan a la concienciación del reo sobre la dureza de la labor del artista, a la postre un trabajador más.
PROBLEMA: Disfuncionalidad de la percepción cultural.
Quizá el mayor reto al que se enfrenta nuestro cine es el de los ritmos desacompasados entre los cineastas y su público, especialmente cuando los primeros tratan de hacerse valer como los portavoces naturales de la cultura. Desde Chaplin y Rosellini, nunca en la historia hemos conocido una generación de actores y directores tan volcados en retratar la sociedad en la que viven y respiran, un duro ejercicio que habitualmente se ve abocado a la incomprensión del espectador, recordemos, coaccionado ideológicamente por los intrincados mecanismos neocapitalistas. ¿Debemos pedir a nuestros directores que renuncien a reflejar lo que su mirada limpia de prejuicios observa en el mundo que les rodea? Evidentemente, no nos referimos a aquellos autores que, buscando las mieles del éxito fácil, se apartan de nuestra realidad compleja y multicultural en favor de oscuros propósitos artísticos; sino a los que nos acercan a un estado de las cosas que nosotros frecuentemente persistimos en ignorar, ensimismados en los quehaceres tan cotidianos como egoístas de nuestras vidas. ¿Debería el cine español cargar con la culpa ante la irresponsabilidad social del público que le abandona?
SOLUCIÓN: Construcción de plataformas educativas multinivel.
Es obligación del Estado garantizar el acceso a una percepción libre y veraz de la sociedad que constituyen sus votantes. Sin embargo, no es posible poner nuestra realidad plural y diversa al alcance de los ciudadanos sin la estrecha colaboración de las Comunidades Autónomas. Lo que llanamente venimos a proponer es la descentralización del Instituto de Cinematografía y Artes Audiovisuales (ICAA), que desaparecería como tal, de manera que cada Comunidad dispondría de su propio centro. Así, se emprendería la edificación de un complejo en cada una de ellas, destinado a la formación y divulgación cultural según las necesidades de cada región. Cada centro tendría así la oportunidad de llevar a cabo proyectos a distintos niveles, no solo el cinematográfico, sino referidos a cualquier medio audiovisual incluyendo la publicidad, con la misión de transmitir los rasgos diferenciales que conforman la identidad de cada región. En Madrid y en Cataluña ya hemos conocido algunas iniciativas en esta línea, y pensamos que de adoptarse sistemáticamente en el resto de Comunidades avanzaríamos más deprisa hacia donde queremos llegar en términos culturales.
De acuerdo, reconozcamos que esta batería de utópicas proposiciones es, por el momento, difícilmente asumible por una administración enfrentada a todo tipo de intereses espurios, provenientes de los distintos sectores en lid. Quizá entonces convendría comenzar por lo más sencillo: ¿y si hacemos desaparecer el ICAA?
- Posteado en : CosasNuestras, Noticias
- Autor :Álvaro Peña




Como pasa con las mejores sátiras, lo más divertido es que más de uno ha pensando en serio en algunas de las “soluciones” planteadas. Brutal!!
¿Qué te tengo dicho de la ironía? Ya bastante cabreados tenemos a los círculos familiares de Elio Quiroga y Cesc Gay como para incurrir ahora en la ira de los allegados a Daniela Féjerman, Menkes, Albacete, Antonio Hernández o Roberto Santiago. Y lo de Ángeles González-Sinde… ¡a ver si nos van a cerrar el chiringo!
Al principio pensaba que iba en serio y no entendía nada. Y aún después de lo de “Imago Mortis” dudé hasta la solución al segundo problema. Lo malo es, como dice D. Salgado, que más de uno ha pensado en serio -y puesto en práctica respecto a la última-alguna de las soluciones planteadas. Gracias, Álvaro, me has sacado de golpe del sopor postprandial.
Fuera ‘Sindes-cargas’: Álvaro Peña for minister YA!
(al principio también me lo creí…)