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| Crítica, Estrenos |
“Duplicity”, de Tony Gilroy |
¿A quién le basta con ser actor secundario, simple figurante, de su propia vida? Ni siquiera el principio de realidad que inspiró a Roberto Rossellini una película tan ajena al concepto del star system como Roma, ciudad abierta (1945) evitó que la protagonista del film, Anna Magnani —hasta entonces una actriz cuyo encasillamiento cinematográfico en papeles de cabaretera y similares no era sino una prolongación natural de su carrera previa en el teatro de revista y el music hall— deviniese gran estrella en un registro divergente, en apariencia modesto y cuasianónimo, de mujer “del pueblo”, que afrontaba los embates de la Historia con dignidad y coraje primigenios.
Sin embargo, desde el momento en que esa Magnani admirada por un público que acababa de sufrir la Segunda Guerra Mundial no era otra cosa que un registro audiovisual, un espectro surgido del efecto de las pinceladas de la luz sobre el negativo emulsionado, su carácter representativo trascendió la nimiedad de lo concreto para pasar a ser arquetipo en el que los espectadores —protegidos de la acusación de vanidosos por la oscuridad y quién sabe con qué tragedias, secretos y mentiras a sus espaldas— podían proyectar su propia sensación de haber sido héroes trágicos de su cotidianeidad, como lo era ella en Roma, ciudad abierta.
Una estrella de cine no simboliza un distanciamiento alienante de la realidad, sino algo más delicado: una transfiguración de nuestra condición coyuntural, insulsa e indiferenciada en otra que otorga a cada decisión, a cada silencio, a cada mirada, la relevancia eterna que tienen para todos nosotros como individuos. Y la concreción en pantalla de tales gestos sustanciales requiere, obviamente, de físicos atractivos. Al fin y al cabo, los filósofos de la naturaleza definen los arquetipos biológicos como modelos taxonómicos ideales a los que, en grados diversos, están ligados todos los miembros existentes de una especie. ¿Quién se cree tan feo, tan carente de atractivo, como para no sentirse identificado durante dos horas con las cuitas de, por concretar, Julia Roberts y Clive Owen en Duplicity?
Por otra parte, puede que Roberts interprete a una ex-agente de la CIA y Owen a un ex-agente del MI6; que a sus personajes se les adivine así un ayer apasionante, y que ahora empleen sus talentos al servicio de poderosos empresarios que les pagan miles de dólares anuales y les procuran el viajar en primera clase de una punta a otra del globo para proteger y robar secretos industriales, algo que nosotros no haremos nunca. Pero por debajo del plúmbeo entramado de tiempos pasados y presentes con que Tony Gilroy intenta otorgar peso a la relación sentimental entre Claire (Roberts) y Ray (Owen) y a sus actividades de espionaje; por debajo de la ingrávida fijación formal y argumental del guionista y director neoyorquino con el cine liberal estadounidense practicado en los setenta (algo de lo que ya hacía gala en su ópera prima, Michael Clayton), y de sus reiteradas y pueriles críticas a la cultura corporativa, lo único que de valioso brinda Duplicity es la muy escasa talla personal que demuestran tener sus protagonistas, lo que tiene un efecto interesante en términos de identificación con ellos por parte del espectador.
Owen y Roberts ya habían trabajado juntos a las órdenes de Mike Nichols en Closer (2004), análisis cortante como una cuchilla de afeitar de los vínculos humanos que, sabemos de primera mano, hizo que a más de un@ se le atragantase la presencia de unos actores habitualmente procuradores de tranquilidad espiritual: las ficciones con Roberts y Owen no suelen dejar en evidencia el orden de creencias en que se ha acomodado el concurrente a las multisalas, orden que parece exigir se refrende durante la proyección a través de sus actores preferidos. Pero Duplicity es tan venenosa como Closer: su último plano deja a Claire y Ray a la intemperie, a merced del amor que sienten el uno por el otro, una vez el sistema en que se movían como peces en el agua y que han pretendido transgredir les ha desvelado su naturaleza de títeres. Gilroy no es optimista, y después de lo que hemos visto durante el extenuante metraje previo y a tenor de las expresiones desoladas de los actores, sabemos fracasarán como pareja. No son nada sin el soporte de las mentiras interesadas, los hoteles de lujo, los gadgets electrónicos y sus propias fachadas.
En tiempos de crisis económica como los que vivimos, en los que muchos quedarán forzadamente al albur de sus propias fuerzas y de lo que hayan sabido o no labrarse interiormente en el periodo de bonanza pasado, el mensaje que postula Duplicity mediante sus protagonistas no es complaciente. Aunque, haciendo honor a su título, la película pierda demasiado tiempo retratando con delectación el glamour de los estilos de vida que cuestiona. Como si Rossellini, antes de filmar a la Magnani gritando desgarradoramente “¡Francesco! ¡Francesco!” y cayendo abatida por las balas nazis, la hubiese ubicado vestida de gala en un casino y jugando al bacarrá con apuestos mandos alemanes, por aquello de darle al público un poquito de lo que estaría ansiando tras años de privaciones.
FICHA TÉCNICA: Título original: Duplicity. Nacionalidad: Estados Unidos-Alemania. Año de producción: 2009. Duración: 125 minutos. Guión y dirección: Tony Gilroy. Producción: Laura Bickford, Jennifer Fox, Kerry Orent y John Gilroy (Universal Pictures, Laura Bickford Productions, Medienproduktion Poseidon Filmgesellschaft y Relativity Media). Montaje: John Gilroy. Fotografía: Robert Elswit (c). Música original: James Newton Howard. Diseño de producción: Kevin Thompson. Diseño de vestuario: Albert Wolsky. Con: Julia Roberts (Claire Stenwick), Clive Owen (Ray Koval), Paul Giamatti (Richard Garsik), Tom Wilkinson (Howard Tully), Oleg Stefan (Boris Fetyov), Rick Worthy (Dale Raimes), Denis O’Hare (Duke Monahan), Thomas McCarthy (Jeff Bauer). Distribución: Universal Pictures International España.
SINOPSIS: El ex-agente del MI6 Ray Koval (Clive Owen) y la ex-agente de la CIA Claire Stenwick (Julia Roberts) han dejado el espionaje gubernamental por el empresarial. Ambos intentan hacerse con la fórmula de un producto que garantizará a la compañía que la patente una fortuna.
FECHA DE ESTRENO EN ESPAÑA: 13 de febrero de 2009.





¡Qué grande Mr Salgado! Juntar en un mismo texto “Roma , ciudad abierta” y “Duplicity” sólo está al alcance de las mentes más preclaras… No hay como contextualizar debidamente para que las virtudes de un genio como Rossellini resulten aún más cercanas, contemporáneas.
Por lo demás poca cosa, ¿no? Casi que mejor me reservo para “The International”, que me ha dicho un pajarito que está rodada D.P.M. y con un Clive Owen a sus anchas…
Pues a servidor esta peli le parece bastante apetecible, algo más incluso que otras ‘imprescindibles’ estrenadas recientemente.
También noto algo de maldad salgadina en los sabios párrafos de su crítica al mencionar a Anna Magnani en una película de lucimiento íntegro para la Roberts (omito a Owen porque ‘Julita Pretty Woman’ llegó a ser famosa antes que él)
Por cierto, ‘Duplicity’ no ha funcionado demasiado bien en la taquilla USA y española. ¿Crisis del ’star system’ que ha cumplido ya los 40 años?
No menos maldad, Sr. Pablos, que la suya comparando las anorexias (en todos los sentidos) de La Duquesa con las prietas carnes de Kitty.
“¿Crisis del ’star system’ que ha cumplido ya los 40 años?”
No lo dudes…
Malvada o no, tu reflexión sobre nuestros mecanismos de proyección en las estrellas de cine aplicada a esta película es impagable. Precisamente me había desconcertado que Gilroy no hubiera insistido en algunos de los aciertos de “Michael Clayton” (básicamente, la ambientación y la tensión entre el individuo y el entorno corporativo, bendecidas ambas por un buen trabajo de fotografía). “Duplicity” es menos llamativa a nivel visual (el prólogo es de lo peor del año), pero más equilibrada gracias a una rebaja de objetivos considerable en favor de la dinámica del relato. Ëste incluye giros la mar de tontorrones (a veces parece una película de los Cohen), pero como señalas, desemboca en el callejón sin salida destinado a unos personajes que en realidad no son las estrellas que les representan.
[...] cinematográfica, en el lapso de algo más de dos meses nos llega como protagonista masculino de Duplicity (2009) –en la que juega a los amoríos con la mismísima Julia Roberts— y ahora con la esperada [...]